3 ENTREVISTAS 3

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HECTOR RODRIGUEZ ESPINOZA

Bajo una clara concepción existencialista del hombre, Jean Paul Sastre concluyó su doctrina bajo aquella percepción del ser, en principio, nihilista, en donde el hombre definitivo no existe en principio, debido a que éste empieza por no ser nada. Su definición la construirá con el tiempo, sólo podrá ser después y será tal como él se haya hecho. Bajo el argumento anterior, Sastre se da el lujo de negar la naturaleza humana, para después concluir en lo siguiente: “El hombre es el único que no sólo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere, y como se concibe después de la existencia, como se quiere después de este impulso hacia la existencia; el hombre no es otra cosa que lo que él se hace”.

 Sin lugar a dudas Sastre se encontraba en lo cierto; el hombre es el proyectista de su trayectoria, y ejemplo de ello lo encontramos en los catedráticos universitarios contemporáneos. Agradecemos al Maestro Héctor Rodríguez Espinoza por su colaboración en este número, sin olvidar felicitarle por su plausible trayectoria en el ámbito de la ciencia y la cultura. Enhorabuena, Maestro.

¿De que manera se ve usted a sí mismo?

Desde Sócrates, Quilón el Lacedemonio y Cervantes -en sus inmortales meditaciones-, el conocerse a sí mismo es uno de los mayores retos del ser humano. Como humanidad, nuestra ciencia y la tecnología han hecho inventos inimaginables y descubierto ámbitos ignotos por siglos, como la luna, Marte, agua líquida en la luna de Saturno, en el ¿infinito? espacio cósmico, en las profundidades de la tierra y del mar, pero no hemos descubierto todos los secretos de nuestro cerebro y lo que, en Teología, la Filosofía laica, la Psicología y la Jurisprudencia llamamos espíritu o alma, donde residen los resortes de nuestra conducta, cuya regulación coactiva es, por cierto, el objeto de conocimiento de nuestra Filosofía y Ciencia del Derecho. Hecho este necesario prolegómeno, te contesto que me veo como una persona madura y plenamente consciente de mis virtudes y de mis debilidades, en un afán cotidiano de fortalecer y enriquecer las primeras y cancelar o, al menos, neutralizar las segundas.

Hasta este día, ¿cuál considera que ha sido la experiencia más grata en su vida?

Vista y justipreciada a distancia, la paternidad de mis tres hijos: Rocío, Héctor y Lolita, gracias a mi esposa María Dolores.

¿Su logro más significativo?

El ejercicio multifacético de mi profesión jurídica, especialmente el haber optado por el campo de la educación, la llave maestra de todas las puertas del desarrollo individual y colectivo, como maestro investigador aspirante a jurista (y despedirme de este mundo como Filósofo del Derecho).

¿Qué elemento considera esencial e inherente en su vida?

El conjunto de valores que le den sentido.

¿Cuál es la razón que motivó la decisión de estudiar su profesión?

¿Mi vocación por el Derecho? Varias veces me he preguntado el por qué de mi decisión. De mi vocación nunca me he arrepentido, a pesar de cómo la hemos desvirtuado los que la practicamos en su polifacético ejercicio. También me han animado sus virtudes intrínsecas y mis modestos afanes por rescatarlas en la experiencia diaria, propia y ajena, en cuantas oportunidades me ha ofrecido la vida. No tengo respuesta precisa. Tengo la idea de la posible influencia, en muchos jóvenes de mi generación, del programa de Tv norteamericano de Perry Mason, el rechoncho y agudo investigador y abogado penalista, defensor infalible ante los jurados populares, y un par de vivencias, una buena y otra mala, los únicos eslabones entre los momentos de mi existencia –antes de y después de-, cuando enfilé mi destino al segundo año “D” de preparatoria y, al año siguiente, a la Escuela de Jurisprudencia:

La buena, de índole intuitivamente filosófica, es alguna ocasión en que, en el Palacio Municipal de Hermosillo, subiendo a la planta alta y en el descanso de las escaleras, me llamó la atención un pensamiento escrito sobre azulejos: “Frases que encierran la más alta integridad y justicia” –anuncia-, fragmento de un discurso pronunciado en Monterrey, en 1958, por el entonces candidato a la Presidencia de la República, Lic. Adolfo Ruiz Cortines: “Tener una obligación / sin adquirir un derecho, / significa esclavitud; / tener un derecho / sin contraer una obligación, / significa un privilegio.” Algún extraño pero bonito soplo sentí que cruzó por mi corazón.

La segunda, pragmática, fue cuando con motivo de la tramitación del Juicio testamentario de mi padre, por el Notario Público, Lic. Ramón Corral Delgado, éste visitó a mi madre para entregarle los papeles y recibir el resto del pago de los gastos y honorarios. La escena fue en la sala de la casa. El Notario, con impecable camisa blanca, corbata, pisa-corbata, mancuernillas, sobrios y obscuros pantalones y lustrosos zapatos bostoniano. Mi madre, tímida, escuchando con respeto las explicaciones del adusto escribano, para sacar de una bolsa de plástico y entregarle algunos miles de pesos ¡de aquellos! en un montón de billetes, reunidos de meses de fatigosas jornadas en nuestra tienda de abarrotes, llevando a cuestas la loza de su reciente viudez, de la tristeza de nuestra temprana orfandad y de la liquidación de gravosos adeudos médicos y abono de los hipotecarios. Otra vez, un raro guiño percibí, pero esta vez no en mi corazón, sino en la mente.

La primera vivencia, la buena, un Valor. La Segunda, la mala, un muy otro valor, ¿o vulgar precio?

¿Su meta a largo plazo?

Publicar el conjunto de mis libros y verificar que se lean, estudien y apliquen por las nuevas generaciones de abogados.

¿Personaje más importante para usted?

Dos: mi madre y mi esposa.

¿Su viaje más importante?

Por su impacto en mi conciencia, el que realicé a una comunidad indígena maya de Guatemala, en un servicio social internacional, siendo estudiante de Derecho en 1964, similar a los realizados a las comunidades de indígenas guarijías de Sonora en los 80.

¿Libro, escritores favoritos y para qué escribir?

¿Para que escribir? Permítanme extenderme: se agolpan nuestros vergonzosos índices de lecto/escritura, incluidos los de los universitarios ¡y de los gobernantes! y la convicción de que escribir y vender libros en México es como vender paletas en el Polo Norte, te mueres de hambre.

No provengo de intelectuales. Mi padre, de campo y pequeño comerciante hasta su muerte –a mis 14 años de edad y en 3° de secundaria-, conducía la economía doméstica, desde la madrugada, en un mostrador para surtir de provisión, a crédito, a los vecinos; desde su lecho de enfermo me pedía, y yo disfrutaba, leerle el periódico en voz alta. Mi madre, de pueblo, en su viudez temprana y con cinco pequeños, desde el mostrador nos encauzó hasta la universidad. La prédica de ambos fue de silenciosa y ejemplar entrega y trabajo físico honrado.

Mis primeras lecturas, además de las escolares, fueron historietas que vendíamos en la tienda y novelas de vaqueros y policíacas de Agata Christie y Mike Spillane. Las tempranas remembranzas de escribir las plasmé en la secundaria Unison, 1956 a 1959 cuando, en el recién pintado amarillo atril de madera, de trompetista de la banda de música que dirigía el inolvidable Mayor Isauro Sánchez Pérez, yo escribía, con cuidado, sus consejas y refranes que, entre sonidos de clarinetes, trompetas, trombones, tubas y batería, con paternal pedagogía nos regalaba en los ensayos. En la preparatoria el Prof. Ernesto López Riesgo nos repetía: “El que no lee, no vive….”. Le faltó: “Y el que no escribe, no trasciende”. Los libros son hijos intelectuales.

En verano de 1963, en campamento de servicio social con laAmerican Friends Service Committe, los amigos, en comunidad indígena de Guatemala, cavando hoyos para excusados y fogones para las chozas familiares y conviviendo con jóvenes de otros países, escribí un diario, que extravié. En 1964, mi maestro Carlos Arellano García, en 3° año de Derecho, me aconsejó escribir la ponencia “Migración del campo a la ciudad”, para la Asamblea Nacional de Derecho del Trabajo en Hermosillo, cuya aprobación en la plenaria elevó mi autoestima y además me propuso el índice de mi tesis “El contrato de trabajo en el campo”, en 1968. Aquí evoco, además, a mis otros maestros Alfonso Castellanos Idiáquez (+), Enrique E. Michel (+), Abraham F. Aguayo (+), Cipriano Gómez Lara (+), David Magaña Robledo, José A. García Ocampo y Roberto Reynoso Dávila, de mística irrepetible.

En el Poder Judicial Federal, durante cinco años, con la responsabilidad de mi Juez y Magistrado Darío Maldonado Zambrano, las prisas de los juicios y de los abogados, dicté miles de sentencias; útil aprendizaje de prosa lógica formal. Siguieron ponencias a congresos y un folleto informativo de mi gestión al frente de la Escuela de Derecho Universidad de Sonora, 1973-1978, agotado. En 1985, el Gobernador Samuel Ocaña me encargó como responsable de promoción cultural, en informal cena, un programa de T.V. y me indicó, con su puño y letra, los logros más relevantes que quería se difundieran: creación de la SEC, CESUES, sistemas de bibliotecas y archivos históricos, restauración de edificios históricos –Sociedad Sonorense de Historia, Colegio de Notarios, Cuartel del 14-, redes estatales de museos y casas de cultura, Radio Sonora, Canal 6 de TV, investigación y edición de la Historia General de Sonora y 46 títulos de literatura regional, murales de palacio, banda de música y discos de música regional, Centro Ecológico, El Colegio de Sonora, Programa Cultural de las Fronteras, entre otros. Recopilé tanta información que, además del programa de TV que se trasmitió una vez y que seguramente nadie vio, le propuse no desperdiciarla y plasmarla en un libro, ilustrado por Memo Moreno: “La Cultura en Sonora”, agotado. Fue el primer libro en forma. Cuando le llevé el primer ejemplar al gobernador, lo hojeó, ojeó y me dijo: “Valió la pena”.

Como en 1978 me inicié en el periodismo en Información, con la bonhomía de Abelardo Casanova y en el siguiente año, hasta 2004, en EL IMPARCIAL, con José A. Healy y Rodolfo Barraza, en 1987 reuní textos con lógica histórica en un libro didáctico, apoyado por la UNISON, Culturas en Conflicto,donde vislumbro una hipótesis de la singular génesis, tardía y diferenciada, de la cultura sonorense, agotado.

En 1990 reuní otras ponencias, artículos y discursos dispersos, en el tenor del anterior, edición de autor, Búsquedas Itinerantes,agotado. En 1995 escribí un libro didáctico, 100 preguntas y respuestas sobre la defensa de los Derechos Humanos, en la CEDH, nueve ediciones. Por mi cuenta publiqué la décima.

En 1997 escribí Diálogos didácticos de Introducción al Derecho y tópicos de moralidad profesional, libro digital pendiente de editar, que utilizo con mis alumnos. En 2000 terminé El derecho al desarrollo, Derechos Humanos y Democracia en México. Editorial Porrúa, en noviembre de 2001, publicó la primera edición. Fui el honroso noveno autor sonorense en 102 años. Aquí entra un fantasma temible para los autores, el de Toribio Esquivel Obregón (1865-1946): jurista y profesor de Historia del Derecho Mexicano en la UNAM, y en las Universidades de Columbia y la de Nueva Cork, y autor deApuntes para la Historia del Derecho en México, cinco tomos. Resulta que su ensayo sobre relaciones entre EU y México, con talento y excelente material, reveló un signo desfavorable para juzgar las lecturas de nuestro foro, judicatura y academia: veinte años después de la primera edición, ¡aun no se agotaban sus mil ejemplares!

Fantasmas aparte, he terminado los siguientes, en versión digital: “Derecho Internacional y Tratados”, mi tesis revisada de mi maestría en Derecho Internacional; “El nuevo Poder Judicial de la Federación. H. Suprema Corte de Justicia, Consejo de la Judicatura Federal y Tribunal Electoral del PJE”. Estos dos, Porrúa los daría a la luz a mediados de 2006. Otros libros autobiográficos son: “1944. Postales de familia”: 1956. Evocaciones de un universitario. (Apuntes para la historia de la Escuela de Derecho UNISON)”; “Barrio 5 de mayo. Mosaico de recuerdos, Antología”; “Ensayos Jurídicos. 1. Hacia una Universidad de Lectores (Premio nacional); 2. Derecho humano al desarrollo (Premio nacional); 3. Combate a la corrupción y a la impunidad; 4. Ejecución de la pena de muerte y su abolición en México y 5. El estudiante de Derecho José Vasconcelos”; “Mujeres Representativas. 500 esbozos biográficos y textos relacionados”; “Filosofía del Derecho, Antología didáctica”; “Cinco Filósofos del Derecho mexicano. José Vasconcelos, Eduardo García Maynez, Luis Recasens Fiches, Guillermo Héctor Rodríguez y Rafael Preciado Hernández”; “Lecturas escogidas de moralidad de jueces y abogados”; “Lecturas escogidas de docencia de Derecho”; “¿Qué es el Derecho? Búsqueda de una definición o concepto. Antología”.Otros que están en un avance significativo son: “Moralidad de la profesión jurídica” y “Humanistas representativos. 2000 semblanzas biográficas”.

En la mayoría de nuestras universidades no contamos con una cultura de apoyo a la investigación, que hace la diferencia entre nuestras instituciones y las del primer mundo democrático y desarrollado, con premios nacionales, internacionales, hasta el codiciado Nobel. El escritor de vocación no tiene horario, se hace acabándose la vista, leyendo siempre, escribiendo poco, publicando lo mejor y en veces asumiendo la soledad e incomprensión, pero –lo más importante- obedeciendo su advocatio, su vocación, su llamado interior.

¿El mejor libro?

El siguiente.

¿Y en cuanto a las concepciones para el proceso de enseñanza aprendizaje del Derecho?

Frente a las tradicionales positivista-formalista y la crítico-realista, comparto la que Rodolfo Vásquez llama deliberativa y democrática, que justifique a partir de principios, valores y derechos fundamentales, dicha enseñanza: “debe entrenar en esa forma particular de deliberar, entendiendo cuestiones básicas de justificación racional, validez moral y balance entre las exigencias de la moral ideal y los límites de la democracia real. Los graduados deberán ser jueces que entiendan los límites que impone la democracia a su trabajo, y que asuman su responsabilidad como custodios de los procedimientos democráticos, de los derechos fundamentales y de la práctica social en la que consiste el derecho, y como abogado deberán asumir su responsabilidad protegiendo la práctica, pero acercándola  (favoreciendo a su cliente) a la mejor interpretación posible. En fin, los graduados deberán ser los guardianes de la deliberación democrática y de las reglas que la definen. Con base en una acertada política educativa, que supone la elección de alternativas y su impacto en la selección de profesores para integrar la facultad o en la selección de alumnos de acuerdo con el perfil en su conjunto y las Facultades de Derecho en particular, deberían comprometerse más con la finalidad de fortalecer y promover el debate público y democrático en los salones de clase, entre los profesores y de ambos con las propias autoridades y abrirse cada vez más hacia posiciones plurales. Es necesario integrar una planta de profesores plural –con temáticas y proyectos de investigación compartidos- y poner las condiciones necesarias para lograr perfiles diversos de estudiantes. Se requieren esfuerzos notables, como antídoto para la intolerancia, para los dogmatismos autoritarios y el eclecticismo paralizante, para el pluralismo crítico y el permanente debate de las ideas.

¿Qué aconsejaría a los otros estudiantes para lograr sus objetivos?

Que sin dejar de disfrutar, a plenitud, el tesoro de su efímera y divina juventud, se apliquen, en aulas y bibliotecas, a prepararse en su ciencia y filosofía para, con base en las virtudes griegas de la prudencia, fortaleza y templanza, darle sentido a su vida individual, familiar y social, para dejar una huella. Que antes de morir -lo cual nadie sabe- lean, al menos,El Quijote de la Mancha y la Divina Comedia, y al final de su existencia, digan como el poeta: Vida, nada me debes;  vida estamos en paz”.

Publicada en El Siete, Revista Jurídica Estudiantil del Departamento de Derecho de la Universidad de Sonora, Año 2, No. 6, abril del 2006.

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AUTOBIOGRAFÍA

DR. HÉCTOR RODRÍGUEZ ESPINOZA

 Nació en Hermosillo, Son., en la madrugada del 11 de diciembre de 1944, bajo el signo de Sagitario. Segundo hijo del Sr. Odón Rodríguez Reynoso (+), originario de Moyahua, Zac., pequeño comerciante de corazón y de Trinidad Espinoza Othón de Rodríguez, originaria de Mátape, Son., ama de casa y pequeña comerciante por necesidad de su temprana viudez. Era la plena 2º guerra mundial y víspera de su fin al año siguiente.

Fue criado en un ejemplar ambiente de trabajo y honradez: su padre, fundador del barrio 5 de mayo y de una bien surtida tienda de abarrotes, “La ciudad de Zacatecas”, en su pick upFord 1937 conducía su economía familiar; madrugaba –con su madre- para tenerlo abierto desde las 5 hrs. hasta muy noche y surtir (mayormente a crédito, en una carterita o “en el hielo”) la provisión para el desayuno, comida y cena y hasta medicamentos de los vecinos y clientes. En los veranos su padre levantaba de madrugada a su hermano mayor Luis (+) y a él (primeras lecciones de trabajo) para hacer a la antigüita y vender nieve de garrafa en la tienda y los llevaba a las funciones de box y lucha en el entonces Cine Arena, con una caja de Milk Way cada uno para ponerlos a venderlos, volaban los chocolates y ellos experimentaban un gozo inolvidable. Cómo disfrutaban empacar y regalar las bolsas de crismas a los niños del barrio en navidad. Desafortunadamente su padre los dejó huérfanos, él a sus 15 años en 3º de Secundaria y es ahí donde entra su heroína de esa época, su madre que, abnegada desde la amorosa esclavitud de la tienda, los sacó a todos de la Universidad. Infortunadamente, los supermercados y cadenas comerciales mataron esos negocios familiares.    

Sus hermanos son Luis (+), con quien creció en su feliz infancia y, excelente trombonista, en 1º de secundaria, año de 1956, lo encaminó a ser trompetista en la Banda de Música de la Unison y en orquestas de baile (su primer y placentero trabajo profesional); sus estudios universitarios fueron siempre alegres por la compañía de, por ejemplo, la Opera Carmen de Bizet, Marcha Aída de Verdi, Oberturas Poeta y Campesino de Rossini y Caballería Ligera de Von Suppé, La Barcarola de los Cuentos de Hofman y Orfeo en los Infiernos de Offenbach, Tanhäuser de Wagner, Marchas, Valses  y arreglos de música mexicana del Mayor. Y es que, cita, como dice El Quijote: “Donde hay música, no hay cosa mala”. Luis falleció en un malhadado accidente automovilístico en 1972, su recuerdo lo marcó para siempre. Dra. María Remedios, ejerciendo en Salubridad. Mtro. Mario, experto en planeación educativa y ejerciendo en Oaxaca y Mtra. Josefina, celosa funcionaria de gobierno hasta hace poco y ángel guardián de su casi centenaria madre.

Ha radicado en Hermosillo y Cajeme (1966 a 1968, se acercaba el 2 de octubre de ese año, que cimbró la conciencia nacional), en su pasantía en un despacho de abogados, previo a su examen de abogado el 9 de mayo del último año, regalo para su madre, con tesis profesional “Por la equiparación del salario mínimo del campo respecto al de la ciudad”, consagrada ese año en reforma a la Ley Federal del Trabajo. El salario mínimo lo considera, con la discriminación a nuestros indígenas en sus Derechos Humanos, la inseguridad pública, procuración e impartición de la justicia judicial, de las instituciones más injustas del Derecho mexicano y temas constantes de su denuncia periodística.

Cursó, becado, Secundaria, Preparatoria, Licenciatura, Especialidad y Maestría en Derecho Internacional con tesis sobre Derecho de los Tratados y Doctorado en Derecho con tesis sobre el combate internacional  contra la corrupción, en la Universidad de Sonora. Es académico (maestro e investigador universitario), consultor jurídico particular y autor de 26 libros: dos autobiográficos “1944. Postales de Familia” y “1956. Evocaciones de un universitario” y otros sobre temas culturales y jurídicos.

Sus satisfacciones han sido aprender de sus mejores maestros, en especial de Abraham F. Aguayo, Alfonso Castellanos Idiáquez, Roberto Reynoso Dávila, José Antonio García Ocampo, David Magaña Robledo, Cipriano Gómez Lara, Carlos Arellano García, Leonel Péreznieto. Inclusive de la verticalidad del Juez federal Darío Maldonado Zambrano. También enseñar a sus discípulos, disfrutar la libertad de cátedra e investigación y fincar en ello su tranquilidad de conciencia en cuanto a su patrimonio formado con su esposa.

Ha desempeñado: En el Poder Judicial Federal: Secretario de Estudio y Cuenta en el Juzgado 1º. de Distrito y en los Tribunales Colegiado y Unitario del 5º. Circuito, en Hermosillo, 1968-1972; Sub director en el Estado del Instituto Nacional Indigenista, con lecciones imperecederas; en el Estado, Coordinador General de Cultura, Director de la Casa de Cultura y Director de Promoción Cultural, 1982-1985; Magistrado fundador del Tribunal Electoral del Estado, 1988-1992, y Secretario Técnico fundador de la Comisión Estatal de Derechos Humanos; en la academia: a). Catedrático, Maestro de Carrera y Director de la Escuela de Derecho de la Universidad de Sonora, 1969-1977, y en una segunda etapa, catedrático desde 1988 a la fecha; b). Director Administrativo de El Colegio de Sonora, 1885-1988; c). Catedrático fundador, Director de la Escuela de Derecho de la Universidad del Noroeste (hoy UVM) y de nuevo catedrático, de 1994 a la fecha.

Desde 1979 es periodista cultural en Información, luego en El Imparcial y ahora en Primera Plana, con tres mil artículos y comentarista en TV y Radio. Admirador de la cultura de la computación, cuenta, desde el año de 2004, con su portal electrónico, herramienta pedagógica única en su género en Hispanoamérica, donde creó el Centro virtual Mario de la Cueva-Eduardo García Máynez (sus grandes Maestros) y publica diariamente Agenda Culturalwww.hectorrodriguezespinoza.com , recibiendo reportes cotidianos del país y del extranjero.

Como anécdotas, recuerda que en la Banda de Música de la Unison (1956-1966) fue discípulo del Mayor Isauro E. Sánchez Pérez, maestro en toda la extensión de la palabra, enemigo mortal de los vicios y ejemplar patriota, que fue para muchos el personaje inolvidable, a quien nuestra Alma Máter le adeuda un tributo –similar al rendido a Miguel Castro Servín, Gustavo Hodgers, Alberto Córdova, Emiliana de Zubeldía, Alberto Estrella y Martha Bracho- y sobre lo que están trabajando compañeros de la época, para realizarlo en breve con apoyo de la Rectoría.

También coordinó una parte y divulgó, en una Memoria, el irrepetible programa cultural del gobierno del Dr. Samuel Ocaña García (1979-1985), legado en infraestructura que aún pervive: Murales en el Palacio de Gobierno; Historia General de Sonora en 5 volúmenes y un centenar de libros de cultura sonorense; Banda de Música de 75 elementos y grabación de 3 discos de música sonorense; Comités Municipales de Cultura en los principales Municipios; Programa Cultural de las Fronteras; Archivo Histórico de la Familia Elías Calles – Torreblanca en el DF; Redes Estatales de Bibliotecas y de Archivos Históricos; Museos Costumbrista de Alamos, de los Seris en Bahía Kino y de los Yaquis en Cajeme; Radio Sonora; Canal 6 de Televisión; Colegio de Sonora; restauración del Cuartel del 14 Batallón hoy de la SEC, de la Casa Uruchurtu hoy Sociedad Sonorense de Historia y del Colegio de Notarios; plazoleta y monumento a Venustiano Carranza frente a la Casa de la Cultura; Centro Ecológico y la Jornada por la Patria –recorrido, en 9 días intensos, de los símbolos patrios (Campana de Dolores, Bandera Nacional y original de la Constitución Política de los EUM)- con motivo de los 175 años de la independencia y 75 de la Revolución Mexicana, por gran parte de la geografía sonorense: de Estación Don a San Luis Río Colorado, calificada por la Secretaría de Gobernación como la más exitosa hasta entonces, por su organización y el entusiasmo despertado en niños y pueblo en general. 

En el aspecto gremial, es miembro de la Barra Sonorense de Abogados A.C. (Colegio), fue vicepresidente de la delegación Hermosillo, semanalmente convive y aprende de sus pares y en breve iniciarán el proceso de certificación profesional para garantizar el ejercicio serio y responsable y cerrar el paso a los abogados mal preparados ética y técnicamente. Como Ingenieros Civiles miembros de Incide –reflexiona preocupado, siendo una de sus luchas-, ¿es aceptable una carrera universitaria de su ciencia y técnica en tres años, con sólo clases sabatinas donde en 12 sesiones se enseñe Estructuras y Subsuelo, por ejemplo?

De los méritos o reconocimientos más relevantes obtenidos, fue el primer Director de la Escuela de Derecho de la Unison egresado de sus aulas; Maestro Distinguido de dos Generaciones de alumnos de la misma; dos premios nacionales sobre Ensayo cultural; 9º autor sonorense publicado por Editorial Porrúa en 100 años, con su libro “Derecho al Desarrollo”, obra pionera en su tema; Profesionista del año 2009 por la Secretaría de Educación y Cultura de Sonora; primer titulado en sus generaciones –con Mención Honorífica- en los exámenes para Maestría en Derecho Internacional y Doctorado de la Unison y, desde luego, el reciente de esta ejemplar Revista Incide.   

 Su esposa es la Mtra. María Dolores Rocha Ontiveros, a quien conoció como su discípula en la Universidad, académica de carrera de la Unison, cursando Doctorado en Administración Pública, con quien ha procreado a sus hijos Ing. Rocío, casada y ejerciendo en Iowa, EU; Mtro. en Derecho Héctor, casado y ejerciendo en Monterey, N.L. y LAE María Dolores, en capilla matrimonial y ejerciendo en Hermosillo, y de quienes espera sus nietos.

Sobre sus metas, dice que, como “mientras que el conocimiento es finito y la ignorancia infinita” (Karl Popper), desea seguir preparándose, sea en forma autodidacta o en cursos superiores, compartir experiencias en el extranjero para mejorar su enseñanza, publicar sus investigaciones y dejar alguna huella cultural –así sea modesta- de su paso por esta privilegiada y efímera limosna de vida. Son sus pasatiempos la caminata madrugadora, escuchar buena música y disfrutar a su esposa e hijos.

Su mensaje a las nuevas generaciones: “La existencia, con salud física y mental, es un don natural o divino digno de ser vivido. Como decía Sócrates: `Desde que nacemos, la naturaleza nos condena a morir’, por eso debemos tenerlo siempre presente y equilibrar los placeres propios de la juventud, con el carácter y la madurez de los tiempos que le siguen (para lo cual recomiendo el deporte y un arte), que son los que permiten contribuir a la transformación y desarrollo integral del país, hoy tan atribulado por las tenazas de la corrupción y de la impunidad, por cierto su investigación jurídica doctoral, que desearía fuera prioritaria en las agendas universitaria, de los medios, gubernamental y de la sociedad.”

Publicada en Revista del Consejo Integrador de la Construcción, la Industria y el Desarrollo, INCIDE. A.C., Hermosillo, Son., Año 10, Edición 123, Agosto del 2010.

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