Esbozo Biográfico

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ESBOZOS BIOGRÁFICOS REPRESENTATIVOS

TOLVANERA
Posada

Roberto Zamarripa

Ilustre entre los anónimos, anónimo entre los Ilustres, José Guadalupe Posada Aguilar murió hace 100 años y es hora que el reconocimiento pleno no le llega. Ocasión su centenario para recuperarlo y entregarle lo debido. Su legado tiene el tamaño para poder ser ubicado en la Rotonda de las Personas Ilustres del Panteón de Dolores en la Ciudad de México. A los funcionarios que se les ha propuesto tal posibilidad les angustia no saber dónde están los restos mortuorios de Posada. ¿A quién llevar a la Rotonda?

La soledad, la pobreza, en la que murió Posada hace 100 años en el Centro Histórico de la Ciudad de México lo llevó hasta la fosa común de ese Panteón, el de Dolores. Así se fue como vivió, anónimo.

Posada ante todo era un artesano. Su obra creció con el tiempo y, pues sí, después de su muerte. Entonces se le vio como artista y algunos de sus trabajos llegaron a museos. Pero no labró sus creaciones para ello sino simplemente para sobrevivir.

Hijo de panadero, aficionado al dibujo, convergió con impresores aguascalentenses insertos en las batallas políticas de la época de esplendor y ocaso de liberalismo gobernante. Entonces los periódicos eran las armas de debate y pleito político. Los ilustradores daban toques decisivos para la fuerza de la información, la propaganda y el alegato. Apenas a los 18 años y envuelto en la pelea de facciones políticas hidrocálidas, Posada fue invitado por dos impresores, Trinidad Pedroza y Sóstenes Chávez, a ilustrar gacetillas políticas. Corría 1871. “Se levantaba en la madrugada y le ayudaba a su padre en la panadería, acompañaba a su madre a misa de seis, desayunaba un jarro de atole y una concha humeante, se lavaba la cara y se iba corriendo al taller de Pedroza”, cuenta Jesús Gómez Serrano en el libro José Guadalupe Posada. Testigo y crítico de su tiempo. Aguascalientes, 1866-1876 (Editado por el Instituto Cultural de Aguascalientes y la Universidad Autónoma de la entidad. 1994).

Inició en El Jicote, una gacetilla que rivalizaría con La Jeringa, otra publicación popular que denostaba a los opositores al gobernador hidrocálido Jesús Gómez Portugal. El Jicote, se decía, “les arrimará por las posaderas el chicote del mozo de cordel, a fin de enfrentar y corregir tanto descaro y tanta audacia”.

Posada inició entonces como periodista gráfico. Ilustrando noticias, mofándose de los gobernantes locales, siendo instrumento de propaganda de opositores, acicateado por su hermano mayor Cirilo Posada, decidido simpatizante de Sóstenes Chávez y Miguel Velázquez de León. Posada no duró mucho como ilustrador de gacetillas políticas, pues huyó a León donde trabajó en una escuela y puso un taller. Para fines del siglo XIX con el ilustrador Antonio Vanegas, ya en la Ciudad de México, desarrolló muchas de las piezas gráficas que lo encumbraron.

Posada dejó el alegato político muy pronto para entregarse de lleno a un trabajo por necesidad pero con un sentido eminentemente popular. Retrató, dibujó, pulió los acontecimientos cotidianos; tragedias, matazones, problemones. No era necesariamente un revolucionario, en términos políticos, pero tampoco, como otros lo han considerado, un porfirista. Fue juarista, admirador de Sebastián Lerdo y militante juvenil con liberales moderados.

Después fue un artesano tenaz cuya obra diaria lo llevó a maravillar, entretener, informar y divertir a lectores y seguidores populares.

Su influencia fue determinante en la época en una sociedad convulsa, agitada, polarizada y contrastante. Fue inequívocamente, un ícono para los grandes de la plástica, y hoy debe ser visto como un personaje de su tiempo vigente en sus trazos, su ironía, su crítica labrada con el buril incisivo.

Vaya paradoja: el grabador hizo de la muerte los retratos dignos, hilarantes, respetuosos. En el centenario de su partida, la muerte no tiene en México dignidad. Miles de desaparecidos y miles de cadáveres de la narcoviolencia y la impunidad en el saldo del desprecio.

Inmortalizó las calaveras pero no las dedicadas a los opulentos o los poderosos sino a las tortilleras, las verduleras, las vendedoras de fruta, los panaderos, los artesanos como él. A los políticos les prodigó esencialmente la burla.

Por eso, también, podría recordarse, reconocerse y enaltecerse hoy a José Guadalupe Posada. Porque hizo de la muerte un homenaje. Le dio su lugar. Era tan importante que merecía el festejo, el fandango, el gozo con pena, ahí donde todos tienen que ser iguales.

Este 2013 puede decretarse Año de Posada; hay quien ha propuesto que su nombre quede en letras de oro en la Cámara de Diputados, asunto que quizás hubiera merecido el sarcasmo de uno de sus grabados. Y si no saben cómo llevarlo a la Rotonda de las Personas Ilustres, pues que el homenaje sea en la fosa común ahora tan vilipendiada, tan atascada de cadáveres, de olvidos y de maltratos. Ilustre entre los anónimos ahí reposa Posada en la fosa común; ahí, como sus Calaveras, goza.

PABLO GONZÁLEZ CASANOVA

El científico social recibe el premio Cosío Villegas, otorgado por El Colegio de México

Atacar a las normales es la política de la ignorancia: Pablo González Casanova

Son los jóvenes quienes hoy día plantean las rutas de todas las revoluciones, señala

http://www.jornada.unam.mx/2012/10/24/politica/011n1pol

Pablo González Casanova, un referente y un amigo

http://www.jornada.unam.mx/2012/10/25/opinion/022a1pol

ERNESTO DE LA PEÑA

Homenaje al humanista en Bellas Artes

Un torrente de generosidad

http://www.jornada.unam.mx/2012/09/11/politica/002n1pol

La cultura pierde al sabio Ernesto de la Peña

http://www.eluniversal.com.mx/cultura/69757.html

Adjudica Senado Medalla Belisario Domínguez a Ernesto de la Peña

http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2012/11/05/12261289-gana-ernesto-de-la-pena-la-medalla-belisario-dominguez

JOSÉ PABLO MONCAYO

Concierto por el centenario del natalicio de José Pablo Moncayo

Abuchean a Felipe Calderón en el Palacio de Bellas Artes

http://www.jornada.unam.mx/2012/06/30/politica/012n1pol

Conmemora México un siglo de Moncayo

Por la veda electoral, el traslado de los restos de Moncayo a la Rotonda de las Personas Ilustres no podrá hacerse en su aniversario

A José Pablo Moncayo, sus alumnos en el Conservatorio Nacional alguna vez le preguntaron su opinión acerca de que el Huapango hubiera eclipsado el resto de su obra.

“El maestro reconoció que el Huapango había atraído toda la atención del público y que era una pena que el resto de sus obras no fuera ni tan conocido ni programado por las orquestas. Sin embargo, con una mirada pícara les dijo en voz baja: ‘pero, qué bien me quedó, ¿no?'”, narra su nieto Rodrigo Sierra Moncayo.

La anécdota le fue contada por Humberto Hernández Medrano, alumno de su abuelo durante los últimos años en que dio clases.

El joven Moncayo, un pianista de 29 años y estudiante de dirección de orquesta, tomará la batuta de la Sinfónica Juvenil Carlos Chávez para dirigir el Huapango, estrenado en 1941, en una gala programada en el Alcázar del Castillo de Chapultepec el viernes 29 a las 19:00 horas.

El concierto, al que asistirán familiares de Moncayo, es parte de la celebración por el centenario del compositor jalisciense. El programa incluirá Tres Piezas, Homenaje a Cervantes, Hueyapan y Bosques.

“Yo seré el eterno admirador del famosísimo Huapango, sin embargo, mi corazón le pertenece a Tierra de Temporal, Sonata para Viola y Piano y Muros Verdes“, añade Sierra Moncayo, quien desde hace año y medio se prepara como director de orquesta.

En el Palacio de Bellas Artes, el director Carlos Miguel Prieto ha preparado un programa con la Orquesta Sinfónica Nacional, de la que Moncayo fue director artístico además de pianista y percusionista, en el que no faltará el célebre Huapango, pero el titular de la OSN ha querido incluir Amatzinac, Cumbres, Bosques y Sinfonietta, obras que permiten apreciar el talento melódico y genial orquestación del compositor jalisciense.

“Moncayo es una parte importante del nacionalismo mexicano pero con una voz independiente”, dice Prieto, quien subraya una clara influencia de los impresionistas en su obra, que se vio relegada por la popularidad del Huapango.

A Moncayo, quien estudió composición con Carlos Chávez y Candelario Huízar y formó el Grupo de los Cuatro con Blas Galindo, Salvador Contreras y Daniel Ayala, está dedicado el concierto que ofrecerá la Orquesta Sinfónica de Minería mañana a las 20:30 horas en el Auditorio Nacional.

El concierto “Moncayo y su época”, con obras de Chávez, Revueltas, Galindo y Jiménez Mabarak, incluirá la proyección de imágenes.

“La idea es invitar a un público nuevo que no le tenga miedo a venir a un concierto de orquesta”, subraya Prieto.

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Por la veda electoral, el traslado de los restos de Moncayo (1912-1958) a la Rotonda de las Personas Ilustres no podrá hacerse el día del centenario del compositor.

Su inhumación se había pensado para el 29 de junio, pero ayer la presidenta del Conaculta, Consuelo Sáizar, reconoció que el homenaje deberá hacerse en dos tiempos: primero, con el concierto de este viernes con la OSN en el Palacio de Bellas Artes y el traslado, en fecha “próxima”.

“El Presidente (Calderón) quiere darle toda la importancia al traslado a la Rotonda, y la víspera electoral lo impide”, aseguró la funcionaria.

Ninguno de los compositores cuyos restos reposan en el Panteón de la Patria ha esperado tanto para su traslado como Moncayo, fallecido en 1958; ni siquiera Felipe Villanueva, inhumado 52 años después de su muerte.

A Carlos Chávez, maestro de Moncayo, lo trasladaron el mismo año de su deceso en 1978; Manuel M. Ponce, en 1952, cuatro años después de su muerte; Julián Carrillo, en 1975, a 10 años de su fallecimiento.

Mientras que Jaime Nunó aguardó 34 años; Silvestre Revueltas, 36 años, y Juventino Rosas, 45 años.

El decreto por el que se declara a Moncayo como Persona Ilustre debe ser aún publicado en el Diario Oficial de la Federación.

“Huapango” de José Pablo Moncayo

Gustavo Dudamel at the Proms

http://www.youtube.com/watch?v=sx2L5lbQ_e4

Alondra de la Parra dirigiendo la POA

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NABOR VÁZQUEZ PACHECO

Primer clarinetista mexicano

Su carrera fue fructífera y de entrega absoluta a la música, ya como ejecutante, director de bandas y catedrático del Conservatorio Nacional.

Vino al mundo el cinco de julio de 1868 en San Andrés Huayapan, Oaxaca, un año después de que Maximiliano fuera fusilado en el Cerro de las Campanas con Miguel Miramón y Tomás Mejía.

Su padre, Miguel Vázquez Aquino, fue trompetista. Nabor, desde su infancia, creció en comunicación con el arte musical. En su casa aprendió el solfeo y teoría de la música.

Mostró su vocación por el clarinete desde pequeñito, lo fascinaba. A los diez años de edad el maestro Bruno Martínez lo inició en sus secretos.

A los dieciséis deja por primera vez su tierra natal acompañando a la Banda de Música del 17 Regimiento de Infantería, a la que ingresara un año antes en unión de su padre y su hermano Ambrosio.

Viajaron por distintos lugares de la República hasta Puebla de los Ángeles. Ahí residieron por algún tiempo hasta que decidieron trasladarse a la ciudad de México con la banda.

Don Manuel y sus hijos, Nabor y Ambrosio, se alojaron en el pueblo entonces de Tacubaya.

El año de 1886, los Vázquez forman parte de la Banda del Primer Batallón de Infantería, que dirigía el maestro Andrés Almanza.

Un año después, Nabor, entra al Conservatorio Nacional.

Los músicos provincianos, al llegar a la ciudad de México deseaban y buscaban perfeccionar sus técnicas musicales. Entrar al Conserva torio era su ideal. Ahí estaban los más calificados maestros.

El joven Nabor consigue estudiar clarinete en la cátedra de don Agustín Manríquez al tiempo que estudia composición e historia de la música con Julio Morales.

Profundiza aún más en el conocimiento de la música bajo la guía del maestro Carrasco con quien estudia piano y estética con el glorioso Melesio Morales, autor de la ópera “Ildegonga” y las cantatas “Dios Salve a la Patria”.

Logra una formación musical inmejorable, añadiendo el saxofón tutelado por el maestro Ignacio Cázares.

Siendo un joven de veintiún años de edad obtiene el puesto de saxofonista en la Orquesta del Conservatorio, que dirigía don Alfredo Bablot, músico y periodista francés, de Burdeos, en fecha no especificada, pero afincado en México donde murió el 7 de abril de 1892. Fue director del Conservatorio Nacional de Música de la ciudad de México y director del periódico “El Federalista”.

En agosto de 1889, el joven Nabor concurre y obtiene la plaza de director de la Banda del Estado Mayor. Se hace cargo de la misma con el grado de subteniente de infantería. Años después ascendería a teniente.

El significativo año de 1907 en que los obreros de Río Blanco, Veracruz, se declaran en huelga y son reprimidos con violencia, se considera aquella huelga como precursora de la Revolución, Nabor Vázquez viaja como director de la Banda del Estado Mayor a los Estados Unidos de Norteamérica y asiste en Jamcstown a la exposición militar en julio. De allí a Chicago donde realiza veinte conciertos con sobresaliente éxito.

Seguidamente viaja a Washington y tiene el honor de ofrecer un concierto en la Casa Blanca. Se traslada a San Luis Missouri y a Nashville en donde el Club Beethoven le impone una medalla de oro.

Continuó su viaje artístico por la Unión Americana. Finalmente en San Antonio, Texas, recibe importante galardón.

Retorna a México y se mantiene como director de la Banda del Estado Mayor hasta el 13 de agosto de 1914 en que por disolución del ejército federal dejaría el cargo.

En 1919, Nabor Vázquez participa con la compañía de ópera italiana en una gira por diversos países de Centro y Sudamérica.

En 1922, año en que Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros pintan los murales de la Escuela Nacional Preparatoria, retorna a México y es nombrado catedrático de clarinete en el Conservatorio Nacional a la vez que actúa como clarinetista solista en la Orquesta Sinfónica Nacional bajo la dirección de Julián Carrillo. Posteriormente ocupa la plaza de primer clarinete en la Orquesta Sinfónica del Conservatorio, que dirigía el catalán José Rocabruna. Fue dirigido por Carlos Chávez en la Orquesta Sinfónica de México y por Silvestre Revueltas en la Sinfónica Nacional.

Murió a los 80 años de edad sin dejar de vivir un solo día para la música, el 6 de diciembre de 1948 en la calle Victoria número 3 de la ciudad de México.

CARLOS FUENTES

1928-2012

http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/carlosfuentes/crono1.htm

El Aura Eterna

Ganador del Cervantes, del Premio Príncipe de Asturias, entre otros galardones, era uno de los constantes favoritos para el Premio Nobel

La muerte de Carlos Fuentes sorprendió a todos, incluso a él mismo.

Y es que pocas personas merecen el término “incansable” como el escritor mexicano, quien, a sus 83 años, tenía tantos proyectos en marcha como un veinteañero: la publicación en junio de un libro de ensayos, así como el lanzamiento de una novela en octubre.

También preparaba la edición de sus memorias Los Días de la Vida y estaba comenzando la investigación para una novela más que se llamaría El Baile del Centenario.

Fuentes irrumpió de manera explosiva en la literatura con su primera novela, La región más transparente, publicada en 1958, y luego La muerte de Artemio Cruz, de 1962, que le aseguraron un sitio como una de las figuras centrales del “boom” latinoamericano junto con Gabriel García Márquez, Julio Cortázar y Mario Vargas Llosa.

Eso fue el inicio formal de una larga obra que incluiría 23 novelas, 21 libros de relatos, una veintena más de ensayos, cinco obras de teatro, una ópera, incontables artículos periodísticos y todos los premios literarios, con excepción del Nobel, que inexplicablemente siempre se le negó.

Poseedor de una legión de lectores en el mundo, Carlos Fuentes había decidido ya cuál sería el colofón de su vida: “Que vayan a mi tumba y me recuerden de vez en cuando… y me pongan una flor”.

Fuentes ingresó a las 10:45 al Hospital Ángeles debido a una hemorragia interna que sufrió durante la noche, pero los esfuerzos de los médicos por salvarle la vida fueron inútiles. A las 12:15 horas moría a los 83 años de manera inesperada en la Ciudad de México, la ciudad de “sus sueños y pesadillas”, de la que se derivan las imágenes en sus libros.

Los restos del novelista y ensayista fueron trasladados por la noche hacia su casa en San Jerónimo Lídice donde lo esperaba un reducido círculo de familiares y amigos, previo al homenaje nacional de cuerpo presente que se le rendirá hoy a partir de las 12:00 horas en el Palacio de Bellas Artes.

El duelo por la muerte del escritor alcanzó otras latitudes donde Fuentes, siempre reacio a hablar mal de sus enemigos, fue sembrando afectos.

“(Descanse en paz) Carlos mi amigo. Ayer, el falso rumor acerca de (la muerte) Gabo, pero esto es tristemente verdad”, se lamentaba el escritor Salman Rushdie.

“Hace poco más de una semana compartimos con él y Silvia (Lemus, su esposa) una alegre cena en un restaurante en Santiago de Chile y estaba pleno, jovial e ingenioso”, contó acongojado su amigo el escritor chileno Antonio Skármeta.

Desde España, llegaba el pésame de Víctor García de la Concha, director del Instituto Cervantes, institución que en 1987 lo distinguió con el Premio Cervantes de Literatura.

En aquel momento pronunció Fuentes en su discurso: “Ahora abro el pasaporte y leo: Profesión: escritor, es decir, escudero de Don Quijote. Y lengua: española, no lengua del imperio, sino lengua de la imaginación, del amor y de la justicia; lengua de Cervantes, lengua de Quijote”.

Su nombre sonó varias veces para el Nobel. “No lo recibió Tolstói, no lo recibió Chéjov, no lo recibió Kafka ¿por qué me lo iban a dar a mí?”, respondía.

El escritor se asumía como un caso peculiar en la literatura mexicana, ya que creció lejos de México por el trabajo como diplomático de su padre Rafael Fuentes: nació en Panamá en 1928, estudió en una primaria pública en Washington, asistió a escuelas inglesas en Santiago de Chile y en Buenos Aires, perdió la virginidad con una actriz “ojos de plata”.

Armado de la lectura de Al filo del agua, de Agustín Yáñez, escribió sus primeros cuentos en la preparatoria; en Suiza decidió su destino: si no podía ser como Thomas Mann, quería con su “modestia y orgullo” de los 21 años ser lo que él: un escritor.

Y sin embargo, cuando recibió el Premio Príncipe de Asturias, en 1994, dejó en claro que el destinatario de sus galardones era México: “Interpreto todo premio que se me da como un premio para mi país, México, y la cultura de mi país, fluida, alerta, no ideológica”.

De Alfonso Reyes obtuvo una temprana lección: no se es un escritor sin disciplina. Escribió tanto que su dedo índice, el único con que tecleaba, quedó deforme.

“Cada autor le da voz a su ciudad. Mi voz ha pretendido ser, muy deformada, lo admito, la voz de la Ciudad de México”, dijo Fuentes sobre La región…

La ciudad, la historia, el tiempo, la mujer, la revolución, la identidad y la esperanza aparecen en su obra narrativa organizada en La edad del tiempo.

“Los libros no dan la inmortalidad; son la inmortalidad, aunque nadie los lea, aunque los tiren a la basura o los quemen”.

Oculta detrás de su imagen pública, estaba su inmensa capacidad de amar, a su esposa Silvia Lemus, con quien tuvo a sus hijos Natasha y Carlos, y a Cecilia, fruto de su matrimonio con Rita Macedo. “Amor constante más allá de la muerte, como se llama un soneto del gran Quevedo”, describía su amigo, el fallecido escritor Tomás Eloy Martínez.

Fuentes volcó el dolor por la temprana muerte de Carlos y Natasha en Todas las familias felices. “Quizás haya algo de rabia que se trasladó al libro, quizá haya ternuras y amores que sólo en el libro me podían salvar de mi tristeza”.

Toca a sus lectores encontrar cómo salvarse de la tristeza que ahora les deja.

“La muerte es un instante sin fin”, escribió en su diccionario personal En esto creo.

ACTUALIDAD DEL ABOGADO IGNACIO MANUEL ALTAMIRANO

Carlos Martínez García

Fue implacable defensor de las libertades del pueblo mexicano. Por lo mismo, su crítica fue constante contra la principal institución que impedía la transformación del país en el siglo XIX: la Iglesia católica romana. Hoy, cuando los herederos ideológicos del conservadurismo decimonónico buscan a toda costa revertir las conquistas de la generación liberal a la que perteneció Altamirano, es tiempo de rescatar, leyendo o releyendo, la vasta obra del indígena nacido en Tixtla, Guerrero.

Ignacio Manuel Altamirano (1834-1893) desarrolló actividades en muy diversos campos. Y prácticamente en todos ellos destaca, lo mismo en la política (combativo diputado) que en el plano militar (combate con las armas al fallido Imperio de Maximiliano), intelectual y escritor muy prolífico (colabora y participa en la fundación de varios periódicos). Su producción escrita está compuesta de cuentos, novelas, ensayos, crítica literaria, poesía y crónicas. Su vastísima producción ha sido recogida en 24 tomos por distintos estudiosos de su obra, bajo la coordinación de Nicole Giron.

En un libro que recoge escritos esenciales del autor (Ignacio Manuel Altamirano, colección Los imprescindibles, Ediciones Cal y Arena, 1999), Vicente Quirarte escribe en el prólogo: “La multitud de actividades que Altamirano realizó a lo largo de los intensos 59 años de su vida, así como la versatilidad de su escritura, ejemplifican la condición de nuestros intelectuales en la mitad del siglo XIX, y la dinámica a que fueron obligados por un país que reclamaba esfuerzos en todos los órdenes […] Altamirano alcanzó la unánime calificación de maestro, comprendida en ambos sentidos del término: a él se deben esfuerzos por dignificar la situación de los trabajadores docentes; a su generosidad y clarividencia, la formación de un grupo de escritores que habrían de interpretar tiempos nuevos. Muchos de su contemporáneos tuvieron talento para escribir: pocos poseyeron, además, la visión de Altamirano para hacer de cada letra un instrumento de formación de conciencia”.

Altamirano es el primer presidente de la Sociedad de Libres Pensadores, que se instala en el vestíbulo del Teatro Nacional el 5 de mayo de 1870. El órgano del grupo fue la publicación El Libre Pensador. Carlos Monsiváis anota que, no obstante su pertenencia a la “Liga de Librepensadores, elige un cristianismo muy libre, apoyado en la instrucción universal. En su periodismo –que en el siglo XIX equivale a decir ‘en su desarrollo intelectual’– Altamirano se obstina: defiéndanse las conquistas irrenunciables; no hay visión moral sin la consideración del bien común; la libertad de cultos y la libertad de expresión son las bases de la creación cultural y artística; el primer signo de la época moderna es la libertad de elección” (Las herencias ocultas de la Reforma liberal del siglo XIX, Editorial Debate, 2006, p. 288).

En una extensa crónica periodística, Ignacio Manuel Altamirano describe lo perjudicial que es para la nación mexicana el dominio educativo de los clérigos católicos. Ejemplifica con un episodio que le toca vivir a finales de 1863 en un pueblo indígena, el cual es gobernado en los hechos por el cura católico romano, quien es partidario de la invasión francesa que en esos tiempos padece el país. El entonces diputado disecciona los males causados por el poder clerical, que mantiene en la ignorancia a los indígenas y en la miseria al profesor que tiene a su cargo la deteriorada escuela del lugar (en El Federalista, 20/II/1871, p. 1-3). El cura le expresa su descontento con la gesta liberal: “ustedes han atacado las tradiciones, han querido minar el edificio religioso […] han establecido la tolerancia de cultos en este país donde sólo había dominado la fe católica, apostólica y romana”. Señalamiento que Altamirano acepta y argumenta con vigor en su favor.

Después de informar acerca de la nociva hegemonía educativa en el poblado que visita, del cual no proporciona el nombre, Altamirano considera que lo mismo acontece en el país, y de ello los más culpables son los que hacen transacciones con las ideas antiguas, los que tienen miedo a la escuela laica, los que, rebeldes a las leyes de Reforma, no quieren comprender que el Estado no tiene religión, ni debe tenerla: que por lo mismo, no deben permitir la enseñanza de ella en sus escuelas, porque esto sería hacer imposible la libertad de cultos.

A contracorriente de la imagen histórica de Martín Lutero que se difunde durante los tres siglos de la Colonia en México, propagada en el país por los teólogos y clérigos católico romanos, que presentaban al personaje como engendro supremo del mal –al respecto es fundamental la obra de Alicia Mayer (Lutero en el paraíso: la Nueva España en el espejo del reformador alemán, Fondo de Cultura Económica-UNAM, 2008)–, Altamirano lo llama el gran reformador de la educación en Alemania. No sólo afirma lo anterior, sino que cita al teólogo germano y su opinión acerca de la importancia de los maestros en la sociedad.

Altamirano, en una de sus frases que sintetiza no sólo su convicción intelectual, sino que también delinea un programa de acción, sostuvo que en México o somos liberales o somos liberticidas. Por ello siempre estuvo en el frente que dio la lid intelectual y política por ampliar las libertades: de manera central la libertad de cultos y la vigencia del Estado laico, como garante de las libertades ciudadanas. Incluso en sus obras de ficción propone un nuevo orden social; lo sintetizó bien Carlos Monsiváis: “La creación literaria es también proposición ética […] Todo en Altamirano es, sin dogmatismo, instrucción civil y cultural”.

JORGE CARPIZO (1944-2012)

Su Prefacio a la 50º edición de Introducción al estudio del derecho, de Eduardo García Máynez

         “Con motivo de publicarse la 50ª edición de su clásico texto, su discípulo y amigo Jorge Carpizo escribió – y se contienen a partir de dicha edición y subsecuentes – las ideas siguientes:

         A don Antonio Caso le tuvo especial respeto y aprecio; coleccionó sus artículos periodísticos y entre sus documentos personales guardó páginas de diversos periódicos que narran el sepelio de tan distinguido pensador

      Antes de su viaje de estudios a Europa y después de su recibimiento profesional trabajó en Monterrey, como defensor de oficio federal.

            En aquellos años era muy difícil tener la oportunidad de proseguir estudios de posgrado en el extranjero. No existían becas ni organismos que los apoyaran. Su madre vendió una propiedad para que pudiera trasladarse a Berlín y a Viena en 1932. En la primera se encontró con otro gigante del pensamiento jurídico y también humanista, don Mario de la Cueva.

            Don Eduardo nos dejó el testimonio de que en la Universidad de Berlín el catedrático que más le influyó fue Nicolai Hartmann, fundamentalmente por sus obras de carácter axiológico. También enseñaban Baumgarten, Spranger y Schmitt. Stammler no hacía mucho que se había jubilado y retirado al campo a reflexionar.

            En Berlín don Eduardo literalmente se encerró a estudiar con verdadero frenesí. Don Mario de la Cueva narró a Jorge Carpizo que estudiaba un promedio de dieciséis horas diarias, incluidos los fines de semana; pasaba a saludarlo e invitarlo a diversos espectáculos, casi nunca aceptó, aunque se tratara de conciertos que le fascinaban. Esos años berlineses fueron musicalmente espléndidos, la Filarmónica de Berlín estaba dirigida por Wilhelm Furtwüngler.

            En Viena, lo impactó Alfred Verdross, a quien escuchó sus cursos de Introducción al Estudio del Derecho y de Filosofía Jurídica y quien influyó en su primera obra “El Problema filosófico jurídico de la validez del Derecho”.

      A fines de 1933 regresó a México. En 1934 se desempeñó como abogado en el departamento consultivo de la Procuraduría General de la República y de 1935 a 1944 fue secretario de estudio y cuenta del Ministro Alfredo Iñárritu, en la cuarta sala de la Suprema Corte de Justicia. En esa sala también desempeñaba cargo similar, adscrito a otro ministro, don Mario de la Cueva. Estos dos ilustres maestros tuvieron una vida paralela: en estudios, en cargos universitarios, en su amor por la investigación y la docencia, en su entrega total a la Universidad Nacional. Fueron muy buenos amigos. Cuando don Mario tenía algún problema personal o duda académica, en varias ocasiones le escuchó: ¿con quién comentaré esto? Invariablemente se contestaba “con Eduardo”.

          La experiencia de ambos en la Suprema Corte les fue muy útil para sus estudios jurídicos y filosóficos. Otro gran Maestro e investigador, don Héctor Fix-Zamudio, que tuvo igual cargo en ese Alto Tribunal, refiriéndose a ellos, manifestó: “Puedo señalar, en virtud de que también tuve esta experiencia, que es muy enriquecedora para conocer la eficacia de las normas jurídicas a cuyo conocimiento contribuyeron tanto esos dos ilustres humanistas mexicanos.”

            En 1934 comenzó su actividad docente en la hoy Facultad de Filosofía y Letras en las materias de Ética y Filosofía Griega; en Derecho enseñó Filosofia Jurídica e Introducción al Estudio del Derecho, muy posteriormente impartió durante algunos años Filosofía del Derecho. Durante varias épocas las enseñó, aunque cada día se fue dedicando más a la investigación.

          Fue subdirector de la Facultad de Filosofía y Letras y de 1940 a 1942 su Director; cargo que en 1953 volvió a ocupar.

            Especialmente en su primer período como Director, desplegó con todo esplendor su espíritu creador: fundó en 1940 el Centro de Estudios Filosóficos -hoy Instituto de Investigaciones Filosóficas-, del cual fue durante veinte años su director – de 1945 a 1965 – al lograr, en los últimos días de 1944, que se autonomizara de la Facultad de Filosofía. Creó el “Boletín Bibliográfico” y “Filosofía y Letras”, la cual dirigió durante sus dos primeros años. Comenzaron a editarse las series de “Monografías Jurídicas”y “Monografías Filosóficas”, la “Colección de Textos Clásicos de Filosofía “y los “Cuadernos del Centro de Estudios Filosóficos”, que publicaron libros claves del pensamiento universal de esa disciplina.

            Como director del Centro autónomo, creó el prestigiado Anuario “Dianoia”y la “Colección de Dianoia”, que editó muy importantes libros durante su período.

            Fue Secretario General de la Universidad en dos ocasiones consecutivas durante los rectorados de don Alfonso Caso y de don Genaro Fernández Mac Gregor.

            Fue gran creador de empresas académicas y universitarias que perduran en nuestros días. Su aliento vivificador se siente cotidianamente en ellas.

            Se entregó plenamente a su Universidad a la cual ofrendó todo lo que era, encontró la atmósfera e instrumentos para desarrollar una de las carreras académicas más brillantes de este siglo mexicano: funcionario académico, llegando a ocupar el segundo lugar en su jerarquía de autoridad, creador de instituciones, editor de obras importantes, investigador, catedrático, voz moral y orgullo de la misma. En síntesis: un gran humanista.

            Su Universidad Nacional lo distinguió con sus máximos honores: primer académico en toda su historia que fue designado, a la vez, investigador y profesor emérito, en 1968 y 1973. En 1978 le otorgó el grado de Doctor Honoris Causa y en 1987 el premio Universidad Nacional.

            Sus inquietudes universitarias lo llevaron a presentar al presidente Manuel Ávila Camacho y al Secretario de Educación Octavio Vejar Vázquez, un proyecto para fundar cinco universidades regionales –para que la única gran Universidad no fuera la Nacional-, idea inspirada en don Justo Sierra. Dichas autoridades lo vieron con simpatía, detenido por intereses diversos. Don Eduardo se sentía satisfecha que del proyecto de la Universidad del Norte nació la idea del Instituto Tecnológico de Monterrey.

            Como profesor fue magnífico, porque también era un espléndido expositor que captaba completamente la atención de los alumnos. Cuidaba mucho sus expresiones, claro y preciso, pero en forma bella. Sus clases de una hora de duración parecían de diez minutos. El tiempo corría y el alumno deseaba que se detuviera para seguir escuchándolo.

            Su palabra fue escuchada más allá de su Universidad en muchas instituciones del interior del país, pero también impartió un número incontable de conferencias en universidades de toda América y de Europa.

         Sus lectores podrán comprobar su gran preocupación por un empleo correcto y elegante del lenguaje.

            Fue el primer director -ahora Rector- del Instituto Tecnológico de México –el ITAM- de 1946 a 1952. Condujo el Instituto Cultural Mexicano-Alemán Alejandro de Humboldt, parte de la Embajada Alemana.

           Fue un gran creador y universitario, un gran maestro, un gran investigador, un gran director de instituciones académicas y de cultura. Si sólo lo pudiera describir con dos palabras, diría: un gran humanista. Humanista antes que todo. Humanista sobre todo. Un inmenso humanista. Humanista universitario de la estatura de Antonio y Alfonso Caso, Alfonso Reyes, José Vasconcelos, Mario de la Cueva, Samuel Ramos, Antonio Gómez Robledo, Ignacio Chávez, José María Garibay, Jaime Torres Bodet, para no citar a ninguno de los que aún viven para nuestra fortuna.

            Don Eduardo García-Máynez fue un ilustre jurista. Fue un ilustre filósofo; declaró que acudió a la Filosofía para entender mejor el Derecho y que deseó ser jurista para convertir en asunto de meditación filosófica una realidad que hunde sus raíces en las necesidades y afanes de la vida práctica.

            Ser un gran filósofo del Derecho es muy difícil, porque resulta indispensable dominar ambas disciplinas, complicadas y extensas. Don Eduardo lo logró, colocándose como uno de los grandes pensadores en dicha disciplina y quien incluyó en importantes autores extranjeros.

            Creyó en la objetividad de los valores aunque –afirmó- su conocimiento dista de ser perfecto por la “estrechez del sentido de lo valioso” -de acuerdo con la expresión de Nicolai Hartmann-. Las diferencias entre las valoraciones de diversos hombres, sociedades y épocas se deben precisamente a esa limitación del conocimiento estimativo.

            Don Eduardo, en el discurso que pronunció en la ceremonia de su recepción como miembro de El Colegio Nacional el 28 de abril de 1958, se refirió a la evolución de sus intereses académicos: “Los tópicos que desde mis años de estudiante atrajeron principalmente mi atención fueron los de carácter axiológico. A ellos dediqué mis primeros afanes, y el amar a estas cuestiones es todavía patente en un libro que vio la luz en 1948”.

            El Maestro se preocupó par la aproximación del Derecho y la Ética en virtud de que la moral y lo legal, aunque independientes y diversas, no pueden ignorarse uno a la otra, ni mucho menos puede considerarse que son incompatibles, y es la noción de justicia, sobre el fundamento y el apoyo de la teoría de los valores, la que conecta, la que sirve de camino comunicador a estas dos áreas del conocimiento humano y a las disciplinas que la estudian.

            En ese discurso -realmente una cátedra- expresó cómo y por qué se interesó en la Lógica Jurídica y en la Ontología Formal del Derecho, cuyos frutos fueron obras muy importantes que contribuyeran en mucho a su gran fama. Dijo que desde sus años europeos se preocupó por el pensamiento de Kirchmann, quien le negó a la jurisprudencia todo valor científico, en virtud de que la ley positiva es mero arbitrio “y, en consecuencia, puede violentar e infringir las principias del ius naturae”. De Kirchmann, lo que se recuerda es principalmente una oración: “Tres palabras del legislador y bibliotecas enteras se convierten en basura”.

            Pues bien, la preocupación de don Eduardo fue de mostrar que la ciencia jurídica tiene carácter científico, y a partir de este principio desarrolló trascendentales teorías:

            “Al redactar en 1939, mi ensayo ‘Libertad, como Derecho y como Poder’, pude percatarme, con no escasa satisfacción, de que en el ámbito del derecho existen -contrariamente a lo que Kirchmann suponía- ciertas legalidades de naturaleza apriorística y valor universal, que escapan por completo al arbitrio del autor de la ley”.

            “Principios como: ‘Todo lo jurídicamente ordenado está jurídicamente permitido’ o ‘lo que está jurídicamente permitido pero no jurídicamente prescrito, puede libremente hacerse u omitirse’, expresan conexiones de esencia entre las varias formas de la conducta que el derecho regula (‘lo permitido, lo prohibido, lo ordenado y lo potestativo’) y valen, a fortiori, para todo orden jurídico, independientemente de los contenidos históricos de cada sistema.”

            “Al descubrir estas legalidades comprendí que -por su mismo carácter de verdades de razón- no podían ser vulneradas por los órganos legislativos. Pues aun cuando cualquier Parlamento esté en condiciones de vedar hoy lo que ayer permitía o de convertir en potestativo un comportamiento que antes era obligatorio, no puede, aunque se lo proponga, impedir que la conducta no prohibida jurídicamente, esté jurídicamente permitida, o que la jurídicamente obligatoria sea, a la vez, conducta lícita”.

            “Los principios ontológico-jurídicos no son normas expedidas por el legislador; sino ‘verdades de razón’ -en la acepción leibniziana-; no son útiles para resolver problemas prácticos, sino que son lo inmutable y lo científico que existe en la teoría jurídica; por tanto – afirma – su tipo de validez no difiere del que tienen los teoremas de Euclides para el orden geométrico y, en consecuencia, no pueden se reformados o alteradas por ningún legislador.”

            Los esfuerzos por tratar de demostrar que el Derecho es una disciplina científica y dotarlo de la estructura e instrumentos para analizarla con tal carácter, deben mucho al Maestro García-Máynez. Algunos de los grandes pensadores de la Teoría General del Derecho también manifestaron, casi simultáneamente, preocupaciones similares.

            Otro gran tema que había inquietado al Maestro fue el de la justicia. Deseaba leer a los autores griegos clásicos en su idioma original. Pasados los sesenta años se puso a estudiar griego clásico. Él, el gran Maestro, el gran personaje universitario, regresó al salón de clases como estudiante en el seminario de textos griegos que impartía Bernabé Navarro quien, por cierto, siempre estuvo cerca de don Eduardo.

            Logró su cometido y con esa herramienta – la traducción espléndida del griego clásico – se abocó a estudiar y comentar las teorías sobre la justicia de Aristóteles y de Platón en cuatro espléndidos libros de especial belleza.

            Así regresó a sus preocupaciones por la Ética y sus relaciones con el Derecho. Comenzó sus investigaciones y las terminó con las de carácter axiológico.

            Cuando sus fuerzas físicas comenzaban a debilitarse, una de sus mayores preocupaciones era dejar inconcluso el tomo tercero sobre “La justicia en Platón”, lo que afortunadamente para nosotros no aconteció; vio la luz en 1988. Aún tuvo tiempo para publicar al año siguiente el libro: “Semblanzas, discursos y últimos ensayos filosófico-jurídicos”.

            La obra escrita que nos legó es inmensa en calidad y cantidad. Citaré las que todavía no he mencionado, que consideró muy importantes:

            De sus primeros años productivos: “Libertad, como derecho y como poder”, “Ética” y “La definición del Derecho. Ensayo de perspectivismo jurídico”.

            Sus libros sobre lógica jurídica: “Introducción a la lógica jurídica”. “Los principios de la Ontología Formal del Derecho y su expresión simbólica”, “Lógica del juicio Jurídico” y “Lógica del Concepto jurídico”.

            Respecto al pensamiento kelseniano: “Positivismo jurídico, realismo sociológico y iusnaturalismo”, “Algunos aspectos de la doctrina kelseniana. Exposición crítica”.

       Regresó a sus inquietudes jurídicas estrechamente vinculadas con la filosofía:

   “Filosofía del Derecho” y “Diálogos jurídicos”.

       Sus obras sobre la justicia en filósofos griegos clásicos: “Doctrina aristotélica de la justicia. Estudio, selección y traducción de textos” y “Teorías sobre la justicia en los diálogos de Platón “, tomos I, II, III.

       Su bibliografía abarca la publicación de folletos; antologías – de los dos Caso -; incontables artículos publicados en prestigiadas revistas especializadas de muchos países de América Latina y de Alemania, Austria, Estados Unidos e Italia y numerosas reseñas bibliográficas. Varios de sus libros y artículos fueron traducidos al inglés, alemán, francés e italiano.

       Todavía le alcanzaba el tiempo para traducir libros y artículos del alemán y del inglés. Destaco la traducción de obras que han servido en forma extraordinaria a los lectores y estudiosos de lengua española: “Concepto y formas fundamentales del derecho. Esbozo de una teoría formal del derecho y del Estado sobre base fenomenológica” de Fritz Schreier. “Economía y Sociedad” de Max Weber en la parte correspondiente a la Sociología del Derecho en su tomo 1 y “Teoría General del Derecho y del Estado” de Hans Kelsen.

       Parece increíble que una existencia haya sido suficiente para escribir una obra tan monumental desde todos puntos de vista. Para ello es indispensable que se conjuguen diversos factores – lo cual excepcionalmente acontece -: talento, preparación, dedicación, entrega apasionada, disciplina, organización y amor a la cultura y a la ciencia. El Maestro reunió todas esas virtudes y el resultado es una obra extraordinaria que nos regala, para nuestro júbilo, a juristas, filósofos y a todos aquellos interesados en la cultura.

            La obra de don Eduardo ha atraída la atención de numerosas juristas y filósofos. Hans Kelsen se refería a él con respeto.

            Cito únicamente dos de los más importantes ensayos sobre su pensamiento: el profesor de la Universidad de Turín, Norberto Bobbio, escribió un artículo intitulado “La Lógica Giuridica di Eduardo García Máynez”, que se publicó en Milán; y la profesora de la Universidad de Génova, Raffaela Petraroli, redactó un ensayo sobre “L’Ontología Farmale del Diritto di Eduardo García Maynez”.

            Además de los premios que recibió, vale la pena destacar otros: México lo distinguió con las máximas honores que confiere: miembro de El Colegio Nacional, el Premio Nacional de Filosofía y la medalla Belisario Domínguez.

            A ellos se suman muchas otras: Catedrático honorario fundador de la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos de Guatemala; profesor honorario de la Facultad de Derecho de la Universidad Mayor de San Marcos de Lima; Presidente honorario de la Sociedad Mexicana de Filosofía; premio Elías Sourasky de Ciencias; y premio anual de Derecho Jorge Sánchez Cordero.

            Me refiero ahora a don Eduardo García-Máynez, al ser humano; a algunas fases personales de este hombre excepcional.

            Como todo hombre verdaderamente inteligente fue modesto. Le disgustaba que lo lisonjearan. Se conocía bien a sí mismo y ello le brindaba equilibrio interno. Las siguientes palabras lo dibujan muy bien:

        “…nunca me he sentido un maestro, ni he tratado de formar discípulos, aun cuando por mis aulas hayan pasado tantos jóvenes. Creo, en efecto, que únicamente soy, y sólo he querido ser, durante mis largos años de vida universitaria, un inquieto y tenaz estudiante…”

            Fue un hombre muy educado y amable. Quienes nos acercamos a él para hacerle consultas de la más diversa índole, siempre lo encontramos dispuesto a escucharnos, a orientarnos. Ciertamente a veces parecía distante y hosco, pero se debía a que tenía una personalidad recia y un carácter fuerte; y como estaba precedido de una fama de sabio -bien ganada y cierta-, imponía, y no todos los estudiantes tenían el valor de abordarlo, pero aquellos que lo hicimos, encontramos un ser humano sencillo, generoso y cordial.

            Transcurridos los años, tuve el especial privilegio de tratarlo de cerca y de comer con él y con don Fernando Flores García; a veces también nos acompañó don Héctor Fix­ Zamudio, mi querido Maestro y amigo. Fueran veladas deliciosas que mucho disfruté; platicamos de las actualidades internacionales y nacionales, de libros, de cine, pero especialmente de la Universidad Nacional, eran tiempos muy difíciles para ella y don Eduardo estaba muy preocupada y afligido. En los largos años en los cuales me desempeñé como funcionario universitario, cuántas veces recurrí a él para un consejo o una opinión, siempre lo encontré dispuesto a colaborar con su Universidad y conmigo.

            Regreso a la evocación de esas comidas para decir que en ellas me percaté de que tenía un fino sentido del humor y una risa franca. ¡Cómo gocé esas horas juntas! También me di cuenta de que le gustaba disfrutar de la buena mesa.

            Entre sus aficiones más apreciadas estaban la música clásica, la ópera, el cine y la literatura, especialmente la francesa. También le agradaba viajar y lo hizo mucho por razones de trabajo; realizó viajes de placer con su esposa, especialmente a Europa y era incansable para visitar todo aquello que representaba la cultura de esos países y ciudades.

            Entre sus amigos más cercanos se pueden citar a don Christian Ortega, don Juan Olaguíbel, don Antonio y don Alfonso Caso, don Mario de la Cueva, don José Vasconcelos, Frida Kahlo, don Lais Recaséns Siches, don Eduardo Couture, don Joaquín y don Ramón Xirau, don Fernando Flores García, don Bernabé Navarro, don Rafael Moreno.

            Su ambiente familiar fue tranquilo y sereno; su señora siempre lo respaldó y lo ayudó a resolver los problemas prácticos que se presentan en cualquier hogar.

            Fue un hombre que llevó una vida ordenada; gozó de muy buena salud hasta unos años antes de morir. Como todo ser humano tuvo dolores y fuertes contrariedades, aflicciones y penas profundas, como la pérdida de su hijo primogénito, pero tuvo también muchas, pero muchas satisfacciones en su espléndida y luminosa carrera académica y universitaria, como intelectual y como humanista.

            Fue fiel a su vocación y trabajó con fervor en lo que más le gustaba. En una ocasión alguien le comentó: – Maestro, trabaja usted demasiado y arduamente, realiza demasiados esfuerzas al dedicarle tantas horas al estudio.

        Don Eduardo le contestó -palabras más, palabras menos-: – No realizo ningún esfuerzo, porque mi trabajo me proporciona placer.

            Fue realmente una vida plena. Una estrella que brilló y brilla. Está con nosotros a través de su obra monumental. El mejor y más importante homenaje que cotidianamente recibe es que se le continúa leyendo y estudiando.

            Falleció apaciblemente el 2 de septiembre de 1993, a los 85 años.

            Estudiante, tú que comienzas a hojear este libro clásico del Derecho, tú que verificarás lo útil que te va a ser, lo claro y sencillo de su redacción y lo profundo de su pensamiento, recuerda que el Maestro García-Máynez lo escribió para los alumnos, para personas como tú.

            Es muy probable que sientas la inquietud y la inclinación por continuar leyendo obras del Maestro. Muy provechoso te sería el estudio de su “Ética”. Posteriormente, podrías leer algunos de sus libros de creación, en los cuales mostró su maestría científica, como sus cuatro obras sobre la lógica jurídica. Si quieres gozar del rigor científico, del brío académico, aunado a la belleza, los tres tomos sobre la justicia en los diálogos de Platón te satisfarían plenamente.

            La fructífera vida de don Eduardo García Máynez nos deja múltiples enseñanzas: nada substituye el esfuerzo personal en esta existencia durante la cual siempre continuamos siendo un estudiante; cualquier labor hay que realizarla al máximo de nuestras capacidades, hacerla lo mejor que podamos; hay que ser fieles a nuestra vocación, porque si así lo hacemos, ello será fuente continua de alegría interna; hay que darnos, hay que ser útiles a los demás en cualquier actividad que desarrollemos; la falta de modestia sólo prueba la carencia de inteligencia; conducir una vida digna, honorable y honesta ayuda en mucho a conseguir una cierta felicidad en la existencia; hay que ser leal consigo mismo; hay que tener y cultivar convicciones; hay que saber defender instituciones como las universidades, que son el motor para el avance del conocimiento.

            Y hoy, a cincuenta y ocho años que se publicó la primera edición de su “Introducción al Estudio del Derecho”, somos muchos los que festejamos su aniversario de oro: las cincuenta ediciones, hecho insólito en la literatura jurídica de América Latina; celebramos este hermoso acontecimiento y a su ilustre creador: don Eduardo García-Máynez. Somos muchos los que rendimos homenaje al investigador, al maestro, al creador de instituciones, al universitario, al jurista, al filósofo, al hombre, pero, especialmente y sobre todo al humanista. ¡Qué vivo se encuentra el pensamiento del Maestro! ¡Qué joven son sus principales teorías! ¡Qué inquietas resuenan sus ideas!

            Resulta imposible no asociar, en este homenaje, al editor de este libro y de gran parte de la obra del Maestro, la Editorial Porrúa, Casa que tanto ha hecho por la cultura mexicana y a la cual, a sus fundadores y a sus diversos directores, los mexicanos y los latinoamericanos tanto le debemos.

            Don Eduardo García-Máynez, maestro de generaciones y más generaciones, ¡Presente!”

México y la UNAM han perdido a uno de sus hijos más grandes: Narro

El cuerpo de Jorge Carpizo llegó al Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM en donde en estos momentos se realiza un homenaje

http://www.sonorahoy.com/vernoticias.php?artids=132584&categoria=111

Bucareli
Jorge Carpizo
Jacobo Zabludovsky

http://www.alianzatex.com/nota.php?nota=N0017705

Carpizo: tres viñetas y media

José Woldenberg

Con la muerte de Jorge Carpizo no solo desaparece un buen amigo, sino un hombre de Estado probo, un político responsable, un académico siempre sugerente.

Como rector, Carpizo encabezó un loable esfuerzo por poner al día a la mayor y más importante universidad del país. Primero presentó un diagnóstico de la institución, “Fortaleza y debilidad de la UNAM” (1986), y luego convenció al Consejo Universitario para que aprobara una serie de medidas que tendrían un impacto positivo en el desempeño de la UNAM. Incapaz de navegar con la inercia, Carpizo planteó una auténtica reforma. Vale la pena recordarla por aquello de la amnesia colectiva: elección directa y secreta de los consejeros universitarios y técnicos, impartición de cursillos optativos sobre hábitos de estudios, determinación de una bibliografía básica por materia, reforzamiento de las tareas de orientación vocacional, publicación masiva de antologías, intensificación de cursos de formación docente y otras más. Además, había un listado de temas que debía ser modulado por los Consejos Técnicos de facultades y escuelas: revisión y actualización de los planes de estudio, de la política de investigación, establecimiento de fórmulas que aseguraran el cumplimiento del personal académico. No obstante, dos medidas que afectaban privilegios, la abolición del pase automático para aquellos estudiantes que no hubiesen obtenido un promedio mayor de 8 y no hubiesen concluido sus estudios en tres años y el aumento en el pago de inscripción a los cursos de maestría y doctorado, desataron un masivo movimiento estudiantil que frustró aquel intento reformador. Sigo pensando, como ayer, que fue uno de los momentos más tristes de la izquierda universitaria.

Como ombudsman. Durante los años setenta, al calor de la guerra sucia desatada desde el gobierno en contra de los agrupamientos guerrilleros (y no solo contra ellos), se violaron de manera sistemática los entonces innombrados derechos humanos: detenciones arbitrarias, torturas, desaparecidos, ejecuciones extrajudiciales, procesos viciados, ensombrecieron al país. Por ello surgieron organizaciones que clamaban contra la represión, por la presentación de los desaparecidos, por el castigo a los responsables de esas violaciones a las garantías individuales. Esa ola desembocó en la formación de agrupaciones cuya bandera fundamental fue el respeto irrestricto a los derechos humanos. Pues bien, cuando desde el gobierno se entendió que era necesario atender esa ingente tarea, el presidente de la República, Carlos Salinas de Gortari, encomendó esa responsabilidad a Jorge Carpizo. Se convirtió así en 1990 en el primer ombudsman del país. Su gestión resultó sobresaliente y todavía se recuerdan aquellas recomendaciones al Ejército, tan necesarias y tan difíciles.

Como secretario de Gobernación. Como sabemos, el 1o. de enero de 1994 el EZLN se levantó en armas. Las elecciones estaban en curso y el país entero se cimbró con las proclamas y las armas zapatistas. En esa incierta circunstancia el Presidente nombró como secretario de Gobernación a Jorge Carpizo. Un hombre sin filiación partidista que podía tener interlocución abierta con las distintas fuerzas políticas. Uno de sus encargos fundamentales fue el de tratar de llevar a buen puerto aquellos comicios y siempre supo que la única forma era a través de un diálogo permanente y serio con los representantes de los diversos partidos. Mañana, tarde y noche convocó a reuniones, escuchó reclamos y propuestas, suspicacias y temores fundados, y a todos intentó dar respuesta. En unas cuantas semanas logró acuerdos para revisar la idoneidad de los funcionarios del IFE, auditar al padrón electoral, alcanzar mayor acceso de los partidos a los medios de comunicación. Y además fue capaz de diseñar a 100 por hora una nueva reforma electoral que supuso una nueva estructura del Consejo General del IFE, la multiplicación de facultades para los observadores electorales, la apertura para que pudieran ver nuestros comicios “visitantes extranjeros”, la entrega de la lista nominal de electores a los partidos, la inclusión de un capítulo de delitos electorales en el Código Penal que llevó a la creación de una fiscalía especializada en la materia. No enumero todas las medidas y reformas, solo subrayo la vocación para forjar acuerdos, para construir transparencia, limpieza y equidad. No excluyo su intempestiva renuncia que a todos dejó perplejos y preocupados y de la que por fortuna se arrepintió a tiempo, pero en el balance general hay que subrayar su capacidad para construir confianza con los instrumentos que le son propios a la política: el diálogo y la negociación.

Como autor. De entre sus decenas de libros y artículos destaco solo uno: la disección de El presidencialismo mexicano (Siglo XXI. 1978), más completa y pedagógica de cuantas se hayan escrito.

Mi primer encuentro con él fue en “bandos” no solo diferentes sino enfrentados: él era abogado general de la UNAM, yo sindicalista.

Carpizo, el reformador

Adolfo Sánchez Rebolledo

Para los que anhelábamos entender un poco mejor al país fuera del ámbito académico, los libros escritos por Jorge Carpizo, entre ellos El presidencialismo mexicano (1978), resultaron imprescindibles. Apreciar las características singulares del régimen político vigente no era un tema menor en la agenda de la democratización nacional, la cual se veía desde el poder con desdén minimalista, no obstante la creciente inquietud popular que en 1968 había despertado al país. La necesidad de reinterpretar la historia y la vida institucional se convirtió en una necesidad práctica para ajustar el reloj de una sociedad que ya no cabía en los viejos moldes del poder corporativo. Al igual que otros estudiosos como Arnaldo Córdova, con sus trabajos precursores acerca del poder político surgido de la Revolución Mexicana, Carpizo expresaría, con el rigor que da la excelencia, un pensamiento vivo, original, sustentado en el laudable afán del investigador, pero conectado de muchas formas a las cuestiones más acuciantes de la época. Gracias a su capacidad de traducir el léxico especializado del jurista al lenguaje llano del lector instruido, Carpizo consigue descubrir la actualidad de la Constitución de 1917, su plena vigencia como fundamento ordenador de la sociedad nacional, pero al hacerlo también subraya vicios y deficiencias (facultades metaconstitucionales, desequilibrio de poderes), límites que sólo una profunda reforma democrática puede corregir.

Esa capacidad de comunicación suya, tan unida a la personalidad activa, vibrante y apasionada que le permitió ser una figura pública reconocible y respetada, se sustenta en la actitud moral e intelectual que hace de su compromiso con las ideas el proyecto de vida. Bien lo dijo el doctor Narro en su conmovedora oración fúnebre: Todo el tiempo estuvo comprometido con la verdad y la justicia, con la ética y los valores laicos, con el trabajo y la defensa de la dignidad de las personas. Siempre dispuesto a encabezar causas justas, fue un ser primordialmente congruente. Con él era muy difícil equivocarse. Una línea recta articulaba su pensamiento con su decir y con su hacer. No había el menor punto de quiebre en esas dimensiones.

A pesar de las controversias, o de la inquina de algunos –sobre todo de parte de la derecha extrema, pero no sólo–, Carpizo no se mareó con el éxito ni renunció a sus ideales cuando soplaron vientos en contra. Avanzó con ellos, extendiendo la mirada crítica a los grandes vacíos institucionales de la República. Su diagnóstico de la UNAM marcó el destino de la institución y, a pesar de las muchas resistencias de todos los flancos, promovió el cambio, reactivó sus energías y le dio argumentos para preservar sus objetivos como pieza central de la enseñanza superior y como reserva moral de la República, lo cual, por cierto, no le perdonan sus adversarios.

La tarea de Carpizo enriqueció hasta hoy el debate nacional con los mejores argumentos disponibles, siempre al servicio del interés general. Siendo el primer ombudsman combatió la tortura y la confesión de los detenidos, hasta entonces considerada la prueba reina de la justicia. Abrió brecha y con ello creó nuevas exigencias en la ya desde entonces desoladora aplicación de la ley.

Su actitud austera y disciplinada, la honestidad, la responsabilidad personal tanto en la vida pública como en la academia, el rechazo a toda forma de pedantería intelectual y el afán de actuar con profesionalismo le permitieron al universitario servir al Estado sin convertirse en el funcionario de un partido o de un grupo de presión particular. Nunca fue, me consta, un hombre cautivado por el poder, y menos todavía dispuesto a la autocomplacencia, a la comodidad, a hacer concesiones cortesanas, dijo el rector Narro durante el sepelio. Y si bien Carpizo no es un político en el sentido restrictivo del término, sí lo es, sin duda, cuando aborda las grandes cuestiones nacionales desde una perspectiva de Estado, al hacer posible la conjunción laica de los conocimientos académicos con la rectitud y la responsabilidad del funcionario público, rara avis en nuestra traqueteada historia.

Las negociaciones dirigidas por Carpizo hicieron posible el primer acuerdo electoral suscrito por todas las fuerzas políticas para dar independencia al IFE, dejando en el baúl de la historia la participación operativa del gobierno en la organización y vigilancia de las elecciones. Donde quiera que fijó su atención, los saldos para el país fueron magníficos. No hay hasta ahora una propuesta en materia de seguridad como la presentada en nombre de la UNAM, a la que Carpizo se proponía complementar investigando a fondo sobre el tema de las drogas. Ese papel de impulsor de proyectos de gran envergadura lo equipara a los profesionistas de excepción que pusieron la piedra angular para la construcción de México, a los artistas y pensadores que a través de la historia nacional unieron la vitalidad de las ideas con la capacidad de organizar a la sociedad para cumplir sus mejores sueños.

Discípulo de Mario de la Cueva, el jurista Carpizo es fiel continuador de la gran tradición liberal del derecho mexicano, la misma que funda y sostiene el edificio constitucional de 1917. No extraña, pues, que ante las voces impacientes que periódicamente reclaman una nueva Constitución sin aludir al proyecto nacional, Carpizo, el reformador, respondiera con aplomo: “La creación de una nueva Constitución no es un ejercicio teórico, no es una discusión académica, no es la expresión de buenos deseos o intenciones. Se crea una nueva Constitución cuando existe una ruptura –pactada o no– del orden jurídico, lo cual es un dato del mundo del ser, de la realidad, y no del deber ser…” Hoy, al desplegarse la lucha por la sucesión presidencial, no estaría de más releer a Jorge Carpizo, mexicano ejemplar.

LA PEDAGOGÍA POLÍTICA DE JORGE CARPIZO

Ciro Murayama

Para quienes han formado parte de la Universidad Nacional en las últimas cuatro décadas, así como para aquéllos que han participado o seguido la política nacional en los 20 años más recientes, la figura de Jorge Carpizo es un referente obligado. En las responsabilidades que ocupó, pero sobre todo en las decisiones que adoptó y en las causas que impulsó, el doctor Carpizo imprimió el sello particular de sus compromisos éticos y convicciones políticas.

Hacia mediados de la década de los años 80, Carpizo fue designado rector de la UNAM después de haber sido abogado general, director del Instituto de Investigaciones Jurídicas y coordinador de Humanidades. Al frente de la UNAM, Carpizo constituyó un equipo de jóvenes funcionarios -como él, rebasaban apenas los 40 años de edad- e impulsó un profundo diagnóstico de la institución masificada en que se había convertido la Universidad. Sin concesiones, sin autocomplacencia, presentó “Fortaleza y debilidad” y, con base en ese documento, propuso un primer paquete de reformas que, entre otras cosas, limitaba el pase automático del bachillerato a la licenciatura, introducía los “exámenes departamentales” -evaluación equivalente para los alumnos del mismo grado y asignatura-, reducía el número de exámenes extraordinarios que se podía presentar por estudiante y actualizaba el reglamento de pagos.

La aprobación de tales reformas despertó una fuerte reacción juvenil, más antiautoridad que antiautoritaria, en un momento marcado por las secuelas de la crisis económica de la deuda, todavía en un régimen político autoritario, que devino en la mayor movilización estudiantil en el país desde 1968.

El rector Carpizo aceptó la realización de un diálogo público con los estudiantes, que fue transmitido en vivo por Radio Universidad. Después, cuando quienes participábamos en el movimiento estudiantil decidimos iniciar una huelga en la UNAM, Carpizo convocó al Consejo Universitario derogando las reformas y aceptando la realización de un Congreso Resolutivo. En esos años, aún de partido hegemónico, de prensa mayoritariamente pro-oficialista, cuando no habían ocurrido siquiera las primeras elecciones federales competidas, Jorge Carpizo aceptó dar marcha atrás a su proyecto reformador y avanzar por la senda, el Congreso Universitario, que se le había planteado desde la oposición. Fue una autoridad que cedió, en un México que hoy parece remoto pero en el que la tradición, precisamente autoritaria, consistía en no ceder jamás sino en cooptar o reprimir. Carpizo se desmarcó de tal tentación autoritaria aun cuando hubo de paralizar el proyecto de reforma universitaria en el que creyó. Antepuso la responsabilidad política a la convicción personal, un gesto inusual en la vida política mexicana de entonces y de hoy.

Cuando finalizó su periodo como rector, Jorge Carpizo anunció que no se presentaría de nuevo al cargo, honrando su convicción antirreleccionista. Al abandonar la rectoría, Carpizo se concentró en otra causa que le distinguirá: la promoción y defensa de los derechos humanos. Fue, así, creador y primer presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. También, por un breve periodo, se desempeñó como ministro de la Suprema Corte y, al dejar esa responsabilidad, renunció a la pensión vitalicia que el Poder Judicial le concedía, subrayando así el carácter austero y honesto que le distinguió como servidor público.

Cuando al inicio de 1994 la vida política del país se convulsionó con el levantamiento zapatista y la incertidumbre se extendía de forma negativa sobre la realización de las elecciones de ese año, Carpizo tomó las riendas de la Secretaría de Gobernación. En consecuencia, se convirtió en el primer presidente del Instituto Federal Electoral encargado de organizar una elección presidencial. Carpizo habló con los partidos políticos, con miembros de la llamada sociedad civil organizada, con todos los actores políticos relevantes para asegurar a unos y otros que el proceso electoral se desarrollaría sin dados cargados y que los votos valdrían y se respetarían. Lo consiguió, haciendo sus herramientas indispensables el diálogo, la persuasión, el cumplimiento puntual de cada compromiso que adquiría en las negociaciones, haciendo respetar la palabra empeñada.

Tras aquella misión, literalmente de Estado democrático, Carpizo fue embajador en Francia y, luego, retornó a sus actividades académicas en la UNAM, que lo nombró investigador emérito. Desde ahí, siguió impulsando sus causas.

En el México autoritario que Carpizo contribuyó a entender con sus aportaciones académicas (fue pionero en hablar de las facultades metaconstitucionales del presidencialismo en México), él fue uno de los funcionarios que dedicó su energía y capacidad para construir el puente hacia un régimen plural de partidos. Es uno de los hombres clave de la transición de fin del siglo XX.

Dos temas, en los últimos años, ocuparon la atención intelectual de Carpizo: la erosión ética y moral de la vida política y del servicio público por un lado, y por el otro la necesaria expansión del cumplimiento de los derechos sociales en un país caracterizado por la desigualdad.

Con su importante legado, Carpizo nos deja también una agenda para construir un futuro compartido deseable.

CARPIZO, UN HOMBRE DE SALINAS

Joaquín López-Dóriga

Jorge Carpizo fue uno de los hombres claves en el sexenio de Carlos Salinas, 1988-94. Pocos tuvieron su movilidad y pocos su rectitud.

Como rector de la UNAM (1985-89) atestiguó y aisló el conflicto poselectoral de l988, impidiendo que aquella crisis contaminara el campus universitario, en aquellos días, pasto seco.

Al dejar la rectoría, y de la mano de Salinas, pasó a formar parte de la Corte, retiro dorado, como uno de los entonces 21 ministros del pleno.

A principios de 1990, Salinas, en plena legitimación de su gobierno tras las elecciones de julio, lo colocó al frente de una de sus principales obras: la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, donde permaneció tres años hasta uno de los ajustes del gabinete que lo llevó a la Procuraduría General de la República, en enero de 1993, y un año después, tras la irrupción del EZLN el 1 de enero de l994, a la Secretaría de Gobernación, desde donde se haría cargo como presidente del IFE del proceso electoral de agosto de aquel año, con todo y su renuncia efímera que derrumbó la bolsa en junio de l994.

Como procurador general de la República le correspondió el asesinato del arzobispo de Guadalajara, cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, el 24 de mayo de l993, de donde surgió el enfrentamiento con su sucesor, Juan Sandoval Íñiguez, y sus acusaciones y desviaciones a partir de una certeza moral, a lo que él respondía que en lo jurídico eso, una certeza moral, era lo más cercano a una corazonada.

Como secretario de Gobernación, el no se hagan bolas de Salinas, el asesinato de Luis Donaldo Colosio, el 23 de marzo de 1994; los grandes secuestros: Harp, Lozada, Vargas; las elecciones presidenciales de agosto, el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu el 28 de septiembre y el desastre con la fiscalía de Mario Ruiz Massieu y su ruptura personal.

Después de todo eso, venir a morirse en una intervención de hernia inguinal me resulta inexplicable, aunque sé que así es la muerte.

CARPIZO EDUCADOR

Andrea Bárcena

Reconozco en Jorge Carpizo al abogado, académico y político que mejor ha comprendido la relevancia de los derechos de los niños para crear una sociedad justa. A todos sus méritos académicos y jurídicos se suma el de haber instalado institucional y políticamente la tarea de proteger y defender los derechos humanos en México, al diseñar y poner en marcha la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

En 1991, el ombudsman Carpizo entregó los premios nacionales de periodismo por la infancia, que otorgaba el Cemedin (Centro Mexicano para los Derechos de la Infancia AC), y entonces dijo: Los derechos humanos son una causa de siempre. Los derechos humanos son una manera de ver la existencia, una forma de reconocernos unos a otros y lo que es más importante: que se preserve y respete la dignidad humana.

El Cemedin lo fundamos en 1989, un año antes que la CNDH, pero desde que inició sus tareas de ombudsman, el doctor Jorge Carpizo apoyó las tareas del Cemedin y de todas las organizaciones civiles de derechos humanos que compartieron con la CNDH el amanecer de un modo nuevo de pensar en la dignidad del individuo frente a las instituciones.

Pero ya hacía tiempo que Jorge Carpizo reflexionaba y escribía sobre eso, aunque no se le llamara derechos humanos a las preocupaciones del jurista. Hay un párrafo en su libro Derecho constitucional, publicado por la UNAM, que hace muchos años releo para no perder el rumbo en lo social y lo individual: “(…) porque las normas supremas son la síntesis histórica de un pueblo, apuntan la meta hacia donde se dirige y configuran la definición misma de la Constitución, que es la norma por la que corren la realidad y la vida. Y la vida sólo se entiende con definiciones y decisiones”.

Ni lo digas; yo sé que eres una buena mujer, me dijo, magnánimo, cuando le ofrecí disculpas por mi irreverente renuncia como directora de Protección de Derechos Humanos, de la PGR, cargo para el que Carpizo me nombró en reconocimiento a mi trabajo y para el que hoy, honestamente, reconozco que era inexperta.

Sin embargo, tuve su apoyo para crear un área de justicia para menores, y para dar credenciales de la PGR a los educadores para niños de la calle, de modo que los policías los dejaran trabajar en paz. Si se hubiera seguido por este camino le habríamos ganado al narco, por lo menos en lo que se refiere a no reclutar menores para actos delictivos. En vez de eso, hoy se quiere criminalizar a jóvenes que son en realidad víctimas de un sistema que los ha condenado al abandono y la miseria. Descanse en paz, maestro Carpizo, que sus ideas siguen muy vivas todavía.

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MIGUEL DE LAMADRID

http://www.eluniversal.com.mx/notas/839276.html

De Ricardo Raphael

http://www.educacioncontracorriente.org/index.php?option=com_content&view=article&id=43634:miguel-de-la-madrid-hurtado-ricardo-raphael&catid=14:maestros

Exaltaciones / Froylán M. López Narváez

Cundió la versión de que el doctor Carpizo había muerto en una operación delicada que no anticipaba perecimiento. Pero en donde menos se espera, o poco se teme, salta la muerte. Con tristezas y azoros se hubo que reconocer que este universitario de la Nacional había culminado sus días.

El Instituto de Investigaciones Jurídicas de su UNAM, la de todos, fue el recinto en donde medio millar de parientes, amigos y colegas le exaltaron con “goyas”, aplausos y guardias fúnebres. Si bien prevalecieron el lamento y la tristeza, se advertía, igualmente, que se rendía tributo a un campechano que tan bien lo era de trato, junto con sus severidades académicas y políticas.

Muy de su gusto la comida deliciosa que doña Mari y él donaban a sus invitados domésticos; alguna vez en la misma Rectoría. Uno recuerda, además, su fruición con el bolero musical. Casi cantaba al unísono con Amparo Montes, a quien quería y admiraba.

Caso singular el suyo pues su trabajo político externo a la Universidad Nacional, además de algunas reconvenciones y aún reproches, recogió la admisión, o al menos la tolerancia, de un trabajo que no se atenía a partidos políticos ni a jefaturas presidenciales. Relataba amistosa y discretamente sus vicisitudes, sus encaramientos y discusiones con funcionarios de mayor rango administrativo, pero no jurídico o moral. Quizás existan notas, apuntes u otros registros en donde, por ejemplo, discutía y controvertía con el colado crónico ahora, Carlos Salinas de Gortari.

También ha sido recordado mucho la diversidad de encargos públicos, la fundación de recursos e instituciones para que los cárteles políticos y financieros admitieran la urgencia y necesidad de cuerpos como el IFE, la CNDH, la misma Procuraduría General, la Secretaría de Gobernación y aún la Universidad Nacional, que también vive activismo político, con razones contrastadas, envidias, posiciones de cargo, no menos apetitosas para varios. Funda y hereda institutos valiosos, concierta a ultras izquierdosos y derechosos.

Apenas se ponderaba vida y deceso del universitario eminente cuando se supo del fallecimiento de otro unamita destacado, Miguel de la Madrid Hurtado. A este mexicano le acontecieron reconocimientos, pero de política nacional. Por más que se sabía de una enfermedad incurada, menoscabadora crecientemente de su salud, su turno mortal también fue muy atrayente.

Sus familiares se produjeron con discreción, pero no había manera de evitar honras fúnebres oficiales. Al punto de que el Palacio Nacional fue sede de encuentros, pésames plurales, pero no integradores. Las fuerzas vivas, y las desfallecientes del país, comparecieron. Un contrario político del finado, junto con su hijo de estirpe priista pero abierto a otras consignas de gobierno y partido, Felipe Calderón Hinojosa destacó su administración y las violencias económicas y sociales, telúricas también, que afectaron más a los ciudadanos que al propio gobierno delamadridista.

El colimense no se retiró con la presencia de otros sus semejantes. No sufrió, por ejemplo, pleitos como los de Luis Echeverría y José López Portillo. No se escabulló al extranjero como Ernesto Zedillo; ni se ocultó como Luis Echeverría. No ha mucho, De la Madrid divulgó que se había equivocado con la digitalización (dedazo) de Carlos Salinas de Gortari. Le enmendaron la plana aduciendo que había sido un desliz y apareció una retractación que no es confiable.

Deja MMH una cauda en extinción de deudos políticos. Su preferido durante años, Francisco Rojas, ha sido diferido, por las huestes atlacomulcas, a pesar de la presunta eminencia de quien por sus artes malignas llaman “gran boa”, colaborador entrañado de MMH, este deja viudos o entenados en vísperas del ocaso; reconocimientos entre políticos, pero no consternaciones al menos superficiales como las de Adolfo López Mateos.

Estas dos muertes destacadas promueven algunas reflexiones prontas y fugaces: las concernientes al destino humano, a su finitud. Por razones diversas, se concentra la atención, se hacen recuerdos gratos o ingratos, se rememoran servicios y males que trascienden a los fallecidos. Seguramente la memoria de Jorge Carpizo suscite más encomios que aprehensiones o duelos por compromisos o beneficios políticos.

Ernesto Becker recurre a Freud: “El hombre no es un animal de rebaño, sino un animal de horda, conducido por un jefe…el hombre tiene una gran pasión por la autoridad…desea ser gobernado por una fuerza sin límites”.

Miguel de la Madrid / Jesús Silva-Herzog Márquez

Reforma, 9 abril 2012.

En Palacio Nacional, con la representación de los tres Poderes de la Unión, con un mensaje del presidente de la República, el Estado mexicano despidió a Miguel de la Madrid. Una ceremonia inusual, inesperada, que abrió un breve paréntesis al canibalismo de nuestra historia. El funeral adquiría un significado adicional por responder a la iniciativa de un Presidente panista honrando a un priista. La enemistad entre partidos se suspendió para darle a México una de sus escasas ceremonias de Estado. Representación de una unidad que trasciende las rivalidades de facción, memoria de instituciones que escapa de los enconos personales. Honrando al presidente De la Madrid, el presidente
Calderón dio un ejemplo de civilidad republicana. Que no estemos acostumbrados a ritos como el reciente no es prueba solamente de la inclemencia de nuestra política, sino del terrible menosprecio a los protocolos elementales de la vida pública.

Miguel de la Madrid fue un Presidente honesto, fue un Presidente sobrio y austero que ejerció el poder con un denso sentido de responsabilidad. No enloqueció con la Presidencia ni lo cegó la pérdida del poder. Visto a la distancia de los dos sexenios priistas y los dos sexenios panistas que nos separan de su administración, puede verse a De la Madrid como un buen símbolo de ese régimen político que marcó a México durante buena parte del siglo XX. En él está, seguramente, la gran virtud del priismo: el ánimo del consenso y está también su gran mancha: la connivencia. No fue un fatuo enamorado de su mitología como su antecesor. Tampoco lo envenenó, como a su sucesor, la soberbia de la razón técnica. Fue un político dedicado a cuidar a un régimen, consciente, como el que más, de su fragilidad. Un reformista tímido que no buscó el cambio por lealtad a una receta sino por el dictado mismo de las circunstancias. Como bien lo entendió Reyes Heroles, el burkeano, la prudencia de aquel régimen consistía en una disposición de cambiar para preservar la estabilidad. Un reformismo conservador.

Tal vez haya sido Miguel de la Madrid el último representante de esa prudencia consensual que caracterizó al régimen. Si la expropiación bancaria había sido un golpe tan fuerte para un gobierno que aún no asumía el cargo, era precisamente porque atentaba contra una de las alianzas básicas del sistema. Desde entonces, el Presidente entendió que tendría que preservar todos los pactos vigentes y restablecer todos pactos rotos. Aquel sistema carecía, a todas luces, de límites formales pero estaba colmado de restricciones, contrapesos y adversarios. La falta de barreras institucionales, es cierto, permitió masacres, desfalcos, costosísimos secretos, abusos pequeños y atroces. Pero al reconsiderar una gestión como la de Miguel de la Madrid puede confirmarse lo absurdo que es pensar aquellas presidencias como si hubieran sido reinados con poderes irrestrictos, absolutos. Ni presidente imperial ni dictador perfecto: Miguel de la Madrid fue un gobernante con amplios poderes en un complejo régimen autoritario basado en el consenso.

Al repasar las memorias que durante su mandato escribió de la mano de Alejandra Lajous (Cambio de rumbo, Fondo de Cultura Económica, 2004) puede constatarse que el régimen priista era más un enredado enjambre de intereses que una pirámide sometida silenciosamente al dictado de la cúspide. De hecho, puede llegarse a una conclusión muy distinta: una Presidencia cautiva. De la Madrid fue un político tan sensible a los límites, tan consciente de los estragos del exceso, que trató de regular los aplausos que podría recibir. Pero esa autocontención era también acatamiento de viejas reglas y sostenimiento de alianzas ignominiosas. El Presidente reconocía, por ejemplo, que la ciudadanía castigaba a su partido por la crisis económica. Entendía sus razones y se sentía tentado de abrazar la causa de la democracia electoral… pero no lo hizo. A su juicio, no lo podía hacer: la razón de Estado se lo impedía. “Las críticas que refleja (el voto) son muy válidas, pero yo no puedo pagar, en este momento, todos los errores del pasado. No puedo llegar hasta el suicidio político en un afán por limpiar las culpas del sistema. Más que el prestigio que pueda darme la transparencia electoral, me interesa la efectividad y la posibilidad de continuar gobernando. No puedo permitir que cunda la desestabilización del sistema”. El fragmento muestra a un Presidente que se percibe como el custodio de un régimen, el guardián de un delicado equilibrio histórico, el garante de una estabilidad fundada en consensos, sean decorosos o infames. En esa concepción de una Presidencia de equilibrios se finca la firme prudencia de Miguel de la Madrid y también su blandura.

MMH ante 2012

Manuel Camacho Solís

La muerte del ex presidente Miguel de la Madrid, en la coyuntura de la sucesión presidencial de 2012, llevó a una evaluación política de su desempeño muy vinculada a los intereses de corto plazo de las fuerzas políticas. Con seguridad, si él viviera, no estaría de acuerdo con ninguna. En el fondo, estoy seguro que estaría decepcionado y preocupado por la situación a la que llega México. Tenía la suficiente cabeza y honestidad intelectual para mirar y reconocer la realidad, aunque el juicio le fuera adverso.

Para el PRI, el deceso fue una oportunidad para mostrar su unidad, cerrar dudas y participar en una ceremonia luctuosa que marcó su regreso a Palacio Nacional. Con pocas excepciones, todos estuvieron y se mostraron juntos. Para el PAN, pesó más su deseo de cuidar el futuro de sus ex presidentes y el recuento del arranque de las reformas liberalizadoras de la economía que los agravios políticos de 1986 y 1988. Para la izquierda fue ocasión para recordar el fracaso neoliberal de los últimos 30 años y el agravio de 1988.

¡A 30 años del inicio de ese gobierno, los desacuerdos nacionales persisten como si nada hubiera ocurrido ni se hubiese aprendido!

Don Miguel no fue un hombre que hubiera gozado el ejercicio del poder o que hubiera tapado con cinismo y frivolidad su propia reflexión y conciencia. Para él, por las enormes dificultades que enfrentó en su gobierno y porque en cada momento veía a la política como asunto de responsabilidad, el gobierno y lo que ocurrió después fue una carga. No olvido sus palabras el día que me invitó a su gabinete. “A mí me hubiera gustado llegar a la Presidencia con seis años más de experiencia”. Había sufrido por deber tomar decisiones duras, pero que creía indispensables. Estaba preocupado por posibles desenlaces que lo colocaran en callejón sin salida. “Aunque pienso que es muy improbable que funcione la negociación (con las organizaciones de damnificados de los sismos), acepto que usted lo intente, antes de que me coloque en el dilema de que me vengan a tirar las puertas de Los Pinos o tener que usar la fuerza para evitarlo”.

Años antes, desde la Secretaría de Programación y Presupuesto, había constatado su enojo por la corrupción imperante y su decisión de hacer acopio de información que permitiera en el futuro sancionar a los principales responsables. Tras su campaña y antes de la toma de posesión, los encargados de la Comisión de Renovación Moral (Samuel del Villar y Francisco Rojas) recibieron la instrucción de preparar acciones de fondo para la entrada del nuevo gobierno. Aún en 1988, cuando las circunstancias y sus intereses lo habían llevado a plegarse a los intereses del aparato, tuve la oportunidad de hablar con él a fondo sobre la posibilidad de responder a la crisis electoral con un “Pacto de la Moncloa” que diera inicio a una transición democrática.

Si el deceso del ex presidente se mirara más en función de las necesidades que tendrán nuestro país y el próximo gobierno en diciembre, y no sólo en términos de sacar raja política para julio, tendría que hacerse una valoración diferente.

En la economía, podría reclamársele no haber tenido una posición más enérgica y audaz ante la deuda externa, pero no que se hubiera hecho cargo de la quiebra del Estado que le heredó la anterior administración. En la política, que no hubiera arriesgado una salida de cambio de régimen en 1988, pero sin tanta contundencia en virtud de que dos décadas después no ha habido la capacidad de lograrlo en condiciones políticas menos adversas.

La valoración sobre don Miguel que falta es la de encarar con plena responsabilidad situaciones excepcionalmente adversas. Si a la responsabilidad se hubiera agregado la imaginación, habríamos tenido un gran estadista. Pero si al gobernante le hubiéramos quitado la responsabilidad, la frivolidad y el cinismo nos habrían arrojado al precipicio.

La nobleza del gris

Federico Reyes Heroles

La ovación fue estremecedora. Con el puño recogido el Presidente en turno, López Portillo, anunciaba la estatización de la banca y el control de cambios. Era su último informe. Su errática y desordenada administración heredaba un desastre financiero y político. Ni el auge petrolero fue suficiente para sustentar la megalomanía del gobernante. Un brutal déficit y una fuga de capitales sin precedente provocada por la desconfianza general lo llevaron al desesperado acto con ánimo de salvar su figura histórica a cualquier costo. La prelación era clara: primero él y después las consecuencias que el país debería pagar. Era el inicio de un oscuro túnel impuesto desde Los Pinos.

Carlos Abedrop, presidente de la ABM, se retorció en su asiento y de inmediato hizo pública la total oposición a la medida. Las tensiones llegaron el extremo. La pesada maquinaria del autoritarismo respondió al llamado presidencial. La aplanadora apareció por todas partes: de las multitudinarias manifestaciones públicas en adelante. Ese 1o. de septiembre -también en San Lázaro- se encontraba el hombre que asumiría la enorme responsabilidad de reencauzar a México. No permitiremos que el país se nos deshaga en las manos, fue el mensaje lanzado desde la misma tribuna unas semanas después. No exageraba un ápice. México estaba al borde del abismo. Sólido abogado, con amplios conocimientos de economía, gran lector, Miguel de la Madrid Hurtado tenía algo aun más valioso que su preparación profesional. Era un hombre de grandes virtudes.

Sereno por naturaleza, ecuánime por convicción, austero por ejercicio cotidiano, sin tentaciones protagónicas supo desde el inicio de su gestión que difícilmente le tocaría cosechar. Víctima del paroxismo presidencial acotó la Presidencia. En pleno control de sus emociones impidió una cacería de brujas que nada bueno le hubiera traído a México. Giró el timón del buque a sabiendas de que el cambio de rumbo -título del espléndido ejercicio de memoria de su gestión coordinado por Alejandra Lajous- tardaría en llegar. La emergencia era la brutal deuda externa, su gobierno se contaba por días antes de caer en moratoria. Apoyado en su articulado secretario de Hacienda, Jesús Silva Herzog, renegoció con los gigantes ganando poco a poco un valioso tiempo para reconstruir la economía. Pero no bastaba.

Recuperar la salud financiera pasaba por desprenderse de las miles de entidades económicas de todo tipo -la mayoría de ellas pésimamente administradas- que gravaban sobre el erario. El estatismo no sólo era una condición, sino una cultura. Un Estado fuerte era un Estado poseedor, así estuviera quebrado. El desequilibrio fiscal era visto por muchos como un instrumento de justicia social. El equilibrio era reaccionario por definición. Ese era México. Pero además de la emergencia estaban las consecuencias sociales del desastre. La inflación que rondaba el 100% y que empobrecía a los pobres. El salario se desvanecía. Seis años le llevó domar a la bestia inflacionaria. No tuvo el menor problema en cambiar de estrategia tantas veces fuera necesario para lograr los resultados. En el último tercio echó a andar los pactos entre los sectores productivos, una medida novedosa y arriesgada que rindió frutos.

Con visión histórica comprendió que el autarquismo económico llegaba a su fin. Era el fin de un modelo y una era. Comenzó la apertura a pesar de las múltiples resistencias internas que se negaban a aceptar que el nuevo eje era el consumidor. El proteccionismo tenía muchos adeptos que se opusieron al ingreso de México al GATT, primera estación de la ruta a la apertura comercial sin la cual no podemos entender al México contemporáneo. De la Madrid tuvo el mérito de rodearse de un sólido grupo de economistas, abiertos al mundo y formados en las mejores escuelas, que fueron quitando uno a uno los anclajes del estatismo. Por si fuera poco, con Bernardo Sepúlveda en la SRE, le tocó lidiar con el galopante neoimperialismo de Reagan. Centro América era un polvorín que desactivó el Grupo Contadora.

Erupción del Chichonal, explosión en San Juan Ixhuatepec, el peor terremoto de la historia, caída de las bolsas en el mundo y el huracán Gilberto fueron sólo algunos de los amargos aderezos de los tiempos que le tocó gobernar. Gris, ausente, son las críticas más frecuentes. Institucional hasta la médula, De la Madrid sabía que la solidez de un país está más allá de la popularidad de un gobernante. Su fama pública lo tenía sin cuidado. Como ex Presidente regresó a los libros, a trabajar todos los días, dignamente en el FCE. Su aplomo, su esmerada educación y firmeza reivindicaron la Presidencia de México. Se dice rápido. Con mirada de águila pero afable, recibía el reconocimiento ciudadano en los sitios públicos que nunca dejó de visitar. En los hechos la gente aplaudía su forma de ser. En un país de redentores autodenominados cómo se aprecia la nobleza del gris, gris acero, de un gran Presidente.

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Giordano Bruno

Astrónomofilósoforeligioso y poeta italiano. Sus teorías cosmológicas superaron el modelo copernicano proponiendo que el Sol era simplemente una estrella, así como que el universo había de contener un infinito número de mundos habitados por seres inteligentes. Por su pensamiento teológico fue condenado por las autoridades civiles de Roma a morir quemado en la hoguera, al ser encontrado culpable por la Inquisición romana de herejía y panteísmo en el año 1600.

http://es.wikipedia.org/wiki/Giordano_Bruno

Fernando Benítez

Centenario de un maestro

Se cumplen 100 años del nacimiento de uno de los forjadores de la vida cultural del país. El periodismo es literatura bajo presión, decía.

Historiador y periodista, fundó diversos suplementos, entre ellos La Jornada Semanal. Tenía el don de la alegría, de hacer reír a los demás, recuerda Elena Poniatowska en entrevista

http://www.jornada.unam.mx/2012/01/09/cultura/a08n1cul

ROY ORBISON IN MEMORIAM

https://mail.google.com/mail/?shva=1#inbox/13419f7e3ed079e6

John F. Kennedy

http://es.wikipedia.org/wiki/John_F._Kennedy

CHOPIN

Nacido de padres de clase media francesa en Polonia, el 01 de marzo de 1810, fue un joven prodigio que publicó su primera composición a los siete años y comenzó a conocerse en los salones de la aristocracia.

Se trasladó a París en 1831, y su primer concierto lo empujó a convertirse rápidamente en una celebridad, considerado como el más grande compositor polaco.

Aparte de los dos conciertos para piano (ambos 1830) y cuatro otras obras para piano y orquesta, casi todas sus composiciones son para piano solo, ya que incluyen cerca de 60 mazurcas, 27 Estudios, 26 preludios, 21 nocturnos, a unos 20 valses, 16 polonesas, 4 baladas, scherzos 4 y 3 sonatas.

http://www.youtube.com/watch?v=EvxS_bJ0yOU&feature=player_embedded

STEVE JOBS

http://es.wikipedia.org/wiki/Steve_Jobs

Manzana digital

Juan Villoro

Steve Jobs nació en San Francisco, en 1955, y creció al compás de Grateful Dead. Educado en la psicodelia, entendió la cultura digital como una forma de expandir la conciencia y hacer dinero con extraordinario buen gusto. Dandy cibernético, concibió Apple al modo de un espejo, una elegante superficie para viajar al interior de ti mismo.

Su camino sería heterodoxo o no sería. En 1976 abandonó la universidad para dedicarse a la tecnología de garage en compañía de Steve Wozniak. Jobs aportaba el talento organizativo y Wozniak los inventos. Si la asociación hubiera ocurrido en un observatorio de 1600, Jobs habría sido el pragmático, excéntrico, seductor y poderoso Tycho Brahe y Wozniak hubiera sido Kepler, insuperable intérprete del cosmos. Su asociación muestra que en los procesos tecnológicos crear un sistema de trabajo es más importante que tener una idea genial. Wozniak diseñaba prótesis, pero Jobs convencía a los cuerpos de que debían usarlas.

En una llanura de horticultores, plantaron una manzana mecánica. Silicon Valley sería su tierra prometida.

Como Moisés, Jobs fue abandonado por sus padres biológicos. Su prolífica trayectoria se alimentó de un combustible peculiar, el inmoderado afán de controlar su destino. Odiaba las soluciones de compromiso y rara vez aceptaba sugerencias. Abundan las anécdotas sobre el insultante desdén con que criticaba a sus colaboradores. En sus equipos de trabajo, la creatividad ajena contribuyó a su mesianismo. El resultado de esa extraña alianza fue una avasallante cauda de artilugios: Mac II, iPhone, iTunes, Pixar, iPad. La computación, el cine de dibujos animados, la telefonía y la música cambiaron para siempre.

Para reforzar el marketing, el mesías digital reclutó a John Sculley, presidente de Pepsi, con esta pregunta: “¿Quieres seguir vendiendo agua azucarada o quieres cambiar el mundo?”.

Cuando sus caprichos dejaron de ser rentables, fue expulsado de su propia empresa. Durante 11 años hizo su travesía del desierto. Uno de sus más brillantes fracasos fue Next, computadora destinada a las universidades que no encontró mercado. Gracias al declive de Apple y a las sorpresivas ganancias que obtuvo con Toy Story pudo regresar a su primera compañía. Amante de los símbolos, aceptó un sueldo de un dólar y varios millones en acciones.

Jobs fue un perfecto intermediario entre el inventor y el consumidor. Sus productos no sólo debían ser eficaces, sino cautivadores y fáciles de usar. Al presentar el iPhone, dijo que había creado una pantalla para la máxima herramienta del ser humano: el dedo. La identidad entre máquina y usuario hicieron que los elevados precios de Apple se idealizaran como un mérito a compartir.

Todo gurú depende de las palabras y Jobs inventó un género retórico: la presentación de productos como obra de arte. Vestido con el hábito del millonario alternativo (zapatos tenis, jeans, suéter negro), transformaba el lanzamiento de un aparato en una anunciación. El público ovacionaba de pie el advenimiento de cada talismán.

Su cruzada se apoyó en los códigos de la cultura pop. Fanático de los Beatles, nombró su empresa como la primera compañía disquera del cuarteto. El logotipo era una manzana con los colores del arco iris. En su obsesión estética, quiso que las computadoras también fueran hermosas por dentro y propuso que los cables llevaran los colores del logo. Fue una de las pocas batallas que perdió.

Jobs daba pocas entrevistas y amaba la publicidad. Su más célebre anuncio sólo se transmitió una vez, el 22 de enero de 1984, en el descanso del Super-Bowl. Contrató a Ridley Scott para que dirigiera un comercial sobre un futuro totalitario, donde las masas grises estaban anestesiadas por el cretinismo de IBM. Ahí, una mujer -la única con ropa a color- lanza un martillo contra la pantalla donde habla el tirano e inicia la rebelión. En el año que Orwell le asignó a una dictadura tecnologizada, Apple representaba la libertad. Veinte años después, Jobs repitió el anuncio. En esta ocasión él aparecía como tirano. La imagen estallaba para anunciar iPod. El visionario se daba el lujo de revolucionarse a sí mismo.

En otra campaña (Think Different), comparó a Apple con Picasso, Gandhi y Martin Luther King. Jobs fue el contradictorio budista que se servía del trabajo infantil en China, utilizaba la rebeldía para vender aparatos con una obsolescencia programada y, además, creaba maravillosos soportes de comunicación.

En una espléndida crónica de GQ, Tom Junot señaló que el jerarca de Silicon Valley no buscaba la utopía: “Nunca lo impulsó la visión de un mundo mejor sino la visión de sí mismo como aquel cuyas decisiones guían al mundo”.

Mona Simpson, hermana biológica de Jobs, escribió una novela que acaso explique su incansable búsqueda: El padre perdido. Durante 56 años, el máximo impulsor de la cultura digital anheló un fruto prohibido. En forma obvia, Apple aludía a los Beatles; en forma secreta, al Padre que colocó una manzana en el edén. Eso quiso ser. Asombrosamente, estuvo a punto de lograrlo.

JAQUE MATE

¿Jobs mexicano?

Sergio Sarmiento

“No es el dinero. Es la gente que tienes, la dirección que tienes, y qué tanto comprendes lo que está pasando”.

Steve Jobs

¿Y si Steve Jobs hubiese sido mexicano?

Es muy probable que no hubiese encontrado una familia que lo tomara en adopción de recién nacido, como ocurrió en Estados Unidos, ya que las leyes en México parecen estar hechas para que los niños que son dados en adopción nunca encuentren un hogar.

De adolescente, habría sido detenido y extorsionado por policías que lo habrían considerado presa fácil por usar el pelo largo y quizá sustancias prohibidas.

Al abandonar sus estudios universitarios, habría sido rechazado por la sociedad y considerado un fracasado. Habría tenido que trabajar en un taller mecánico, con un horario extenuante que no le habría dejado tiempo para pensar, y con un sueldo que no le habría dado lo suficiente para sobrevivir con dignidad.

Su empresa, fundada en el garaje de la casa, habría sido cerrada por los inspectores por no dar las mordidas necesarias para operar.

Jobs habría pasado meses o años tratando de dar de alta la compañía ante Hacienda, el IMSS, la Secretaría de Relaciones Exteriores y la delegación o el municipio. Al final no habría tenido dinero para pagarle al notario.

En lugar de la primera computadora, la Apple 1, de 1976, su firma habría generado una torre de multas y requerimientos de la autoridad. Es muy probable que, después de algunos intentos, Jobs hubiese optado por vender calculadoras chinas en un semáforo de la ciudad.

Suponiendo que hubiera podido realmente empezar una empresa, ésta seguramente se habría quedado siempre pequeña. Jobs habría tenido que dedicar todo su tiempo e inteligencia para resolver problemas con el IMSS, el gobierno y los sindicatos, que lo habrían extorsionado impunemente. Las posibilidades de innovar y generar nuevos productos se habrían visto asfixiadas de raíz.

En caso de que hubiese podido desarrollar nuevas computadoras, los oligopolios en el negocio se habrían coludido para impedirle alguna penetración significativa en el mercado. Sus grandes rivales, por otra parte, habrían sido subsidiados por el gobierno.

Suponiendo que hubiese tratado de alcanzar el mercado internacional, sus costos habrían sido demasiado altos para competir. Los aranceles para importar insumos habrían elevado el precio de su producto final, mientras que los costos de seguridad (por ejemplo, el tener que mandar patrullas a cuidar los camiones que llevaban sus productos por las carreteras) lo habrían sacado del mercado.

Los reguladores mexicanos, por otra parte, habrían intervenido de inmediato si hubieran visto que tenía éxito. Tras producir sus primeras computadoras, los burócratas le habrían impedido entrar al mercado del internet, la telefonía o la música. Para eso necesitaría nuevas autorizaciones del gobierno.

Pero vamos a suponer que, a pesar de todo, Jobs hubiera podido crear una empresa remotamente cercana a la Apple con valor actual de 340 mil millones de dólares. Entonces habría surgido un movimiento político para castigarlo por su éxito. Se le acusaría de ser demasiado exitoso en lo empresarial y demasiado rico en lo personal. El gobierno decretaría un impuesto especial que le impediría seguir trabajando.

No es suerte que Steve Jobs haya podido lograr sus éxitos en el norte de California y que en México no hayamos tenido nunca un empresario tan revolucionario como él (los tenemos muy ricos, es cierto, pero no innovadores). Si Steve Jobs hubiese sido mexicano, es muy probable que hubiera terminado trabajando en la economía informal. Son las circunstancias las que definen hasta dónde puede lograr su potencial un individuo.

Un genio de nuestros tiempos, que amó siempre lo que hizo…saludos

Mensaje que Steve Jobs deja acerca de la vida, la muerte y las razones de su éxito: 

Tienes que encontrar aquello que amas.

Me siento honrado de estar con ustedes hoy en su ceremonia de graduación en una de las mejores universidades del mundo.

Yo nunca me gradué de una universidad.

La verdad sea dicha, esto es lo más cerca que he estado de una graduación.

Hoy deseo contarles tres historias de mi vida. Eso es. No es gran cosa. Sólo tres historias.

La primera historia se trata de conectar los puntos.

Me retiré del Reed College después de los primeros 6 meses y seguí yendo de modo intermitente otros 18 meses o más antes de renunciar de verdad.

Entonces ¿por qué me retiré?

Comenzó antes de que yo naciera.

Mi madre biológica era joven, estudiante de universidad graduada, soltera, y decidió darme en adopción.

Ella creía firmemente que debía ser adoptado por estudiantes graduados.

Por lo tanto, todo estaba arreglado para que apenas naciera fuera adoptado por un abogado y su esposa; salvo que cuando nací, decidieron en el último minuto que en realidad deseaban una niña.

De ese modo, mis padres que estaban en lista de espera, recibieron una llamada en medio de la noche preguntándoles:

“Tenemos un niño no deseado; ¿lo quieren?”.

Ellos dijeron “Por supuesto”.

Posteriormente, mi madre biológica se enteró que mi madre nunca se había graduado de una universidad y que mi padre nunca se había graduado de la enseñanza media.

Se negó a firmar los papeles de adopción definitivos.

Sólo cambió de parecer unos meses más tarde cuando mis padres prometieron que algún día yo iría a la universidad.

Luego a los 17 años fui a la universidad.

Sin embargo, ingenuamente elegí una universidad casi tan cara como Stanford y todos los ahorros de mis padres de clase obrera fueron gastados en mi matrícula.

Después de 6 meses yo no era capaz de apreciar el valor de lo anterior.

No tenía idea de lo que quería hacer con mi vida y no tenía idea de la manera en que la universidad me iba a ayudar a deducirlo.

Y aquí estaba yo, gastando todo el dinero que mis padres habían ahorrado durante toda su vida.

Así que decidí retirarme y confiar en que todo iba a resultar bien.

Fue bastante aterrador en ese momento, pero mirando hacia atrás fue una de las mejores decisiones que tomé.

Apenas me retiré, pude dejar de asistir a las clases obligatorias que no me interesaban y comencé a asistir irregularmente a las que se veían interesantes.

No todo fue romántico. No tenía dormitorio, dormía en el piso de los dormitorios de amigos, llevaba botellas de Coca Cola a los depósitos

de 5 centavos para comprar comida y caminaba 11 kilómetros, cruzaba la ciudad todos los domingos en la noche para conseguir una buena comida a la semana en el templo Hare Krishna.

Me encantaba.

La mayor parte de las cosas con que tropecé siguiendo mi curiosidad e intuición resultaron ser inestimables posteriormente.

Les doy un ejemplo: en ese tiempo Reed College ofrecía quizás la mejor instrucción en caligrafía del país.

Todos los afiches, todas las etiquetas de todos los cajones estaban bellamente escritos en caligrafía a mano en todo el campus.

Debido a que me había retirado y no tenía que asistir a las clases normales, decidí tomar una clase de caligrafía para aprender.

Aprendí de los tipos serif y san serif, de la variación de la cantidad de espacio entre las distintas combinaciones de letras, de lo que hace que la gran tipografía sea lo que es.

Fue hermoso, histórico, artísticamente sutil de una manera en que la ciencia no logra capturar, y lo encontré fascinante.

Nada de esto tenía incluso una esperanza de aplicación práctica en mi vida.

No obstante, diez años después, cuando estaba diseñando la primera computadora Macintosh, todo tuvo sentido para mí.

Y todo lo diseñamos en la Mac.

Fue la primera computadora con una bella tipografía.

Si nunca hubiera asistido a ese único curso en la universidad, la Mac nunca habría tenido tipos múltiples o fuentes proporcionalmente espaciadas.

Además, puesto que Windows sólo copió la Mac, es probable que ninguna computadora personal la tendría.

Si nunca me hubiera retirado, nunca habría asistido a esa clase de caligrafía, las computadoras personales no tendrían la maravillosa tipografía que tienen.

Por supuesto era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en la universidad.

Sin embargo, fue muy, muy claro mirando hacia el pasado diez años después.

Reitero, no pueden conectar los puntos mirando hacia el futuro; solamente pueden conectarlos mirando hacia el pasado.

Por lo tanto, tienen que confiar en que los puntos de alguna manera se conectarán en su futuro.

Tienen que confiar en algo – su instinto, su destino, su vida, su karma, lo que sea.

Esta perspectiva nunca me ha decepcionado, y ha hecho la diferencia en mi vida.

La segunda historia es sobre amor y pérdida.

Yo fui afortunado – descubrí lo que amaba hacer temprano en la vida.

Woz y yo comenzamos Apple en el garaje de mis padres cuando tenía 20 años.

Trabajamos duro y en 10 años Apple había crecido a partir de nosotros dos en un garage, transformándose en una compañía de US$2 mil millones con más de 4.000 empleados.

Recién habíamos presentado nuestra más grandiosa creación – la Macintosh – un año antes y yo recién había cumplido los 30.

Y luego me despidieron.

¿Cómo te pueden despedir de una compañía que comenzaste?

Bien, debido al crecimiento de Apple contratamos a alguien que pensé que era muy talentoso para dirigir la compañía conmigo, los primeros años las cosas marcharon bien.

Sin embargo, nuestras visiones del futuro empezaron a desviarse y finalmente tuvimos un tropiezo.

Cuando ocurrió, la Junta del Directorio lo respaldó a él.

De ese modo a los 30 años estaba afuera.

Y muy publicitadamente fuera.

Había desaparecido aquello que había sido el centro de toda mi vida adulta, fue devastador.

Por unos cuantos meses, realmente no supe qué hacer.

Sentía que había decepcionado a la generación anterior de empresarios – que había dejado caer el testimonio cuando me lo estaban pasando.

Me encontré con David Packard y Bob Noyce e intenté disculparme por haberlo echado a perder tan estrepitosamente.

Fue un absoluto fracaso público e incluso pensaba en alejarme del valle.

No obstante, lentamente comencé a entender algo – Yo todavía amaba lo que hacía.

El revés ocurrido con Apple no había cambiado eso ni un milímetro.

Había sido rechazado, pero seguía enamorado.

Y así decidí comenzar de nuevo.

En ese entonces no lo entendí, pero sucedió que ser despedido de Apple fue lo mejor que podía haberme pasado.

La pesadez de ser exitoso fue reemplazada por la liviandad de ser un principiante otra vez, menos seguro de todo.

Me liberó para entrar en uno de las etapas más creativas de mi vida.

Durante los siguientes cinco años, comencé una compañía llamada NeXT, otra compañía llamada Pixar, y me enamoré de una asombrosa mujer que se convirtió en mi esposa.

Pixar continuó y creó la primera película en el mundo animada por

computadora, Toy Story, y ahora es el estudio de animación más exitoso a nivel mundial.

En un notable giro de los hechos, Apple compró NeXT, regresé a Apple y la tecnología que desarrollamos en NeXT constituye el corazón del actual renacimiento de Apple.

Además, con Laurene tenemos una maravillosa familia.

Estoy muy seguro de que nada de esto habría sucedido si no me hubiesen despedido de Apple.

Fue una amarga medicina, pero creo que el paciente la necesitaba.

En ocasiones la vida te golpea con un ladrillo en la cabeza.

No pierdan la fe.

Estoy convencido que lo único que me permitió seguir fue que yo amaba lo que hacía.

Tienen que encontrar eso que aman.

Y eso es tan válido para su trabajo como para sus amores.

Su trabajo va a llenar gran parte de sus vidas y la única manera de sentirse realmente satisfecho es hacer aquello que creen es un gran trabajo.

Y la única forma de hacer un gran trabajo es amando lo que hacen.

Si todavía no lo han encontrado, sigan buscando.

No se detengan.

Al igual que con los asuntos del corazón, usted sabrá cuando lo encuentre.

Y al igual que cualquier relación importante, mejora con el paso de los años.

Así que siga buscando hasta que lo encuentre.

No se detenga.

La tercera historia es sobre la muerte

Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo parecido a “Si vives cada día como si fuera el último, es muy probable que algún día hagas lo correcto”.

A mí me impresionó y desde entonces, durante los últimos 33 años,

me miro al espejo todas las mañanas y me pregunto: “Si hoy fuera en último día de mi vida, ¿querría hacer lo que estoy a punto de hacer hoy?” Y cada vez que la respuesta ha sido “No” por varios días seguidos, sé que necesito cambiar algo.

Recordar que moriré pronto constituye la herramienta más importante que he encontrado para ayudarme a decidir las grandes elecciones de mi vida.

Porque casi todo -todas las expectativas externas, todo el orgullo, todo el temor a la vergüenza o al fracaso – todo eso desaparece a las puertas de la muerte, quedando solamente aquello que es realmente importante.

Recordar que van a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que tienen algo que perder.

Ya están desnudos. No hay ninguna razón para no seguir a su corazón.

Casi un año atrás me diagnosticaron cáncer.

Me hicieron un scanner a las 7:30 de la mañana y claramente mostraba un tumor en el páncreas.

Yo ni sabía lo que era el páncreas.

Los doctores me dijeron que era muy probable que fuera un tipo de cáncer incurable y que mis expectativas de vida no superarían los tres a seis meses.

Mi doctor me aconsejó irme a casa y arreglar mis asuntos, es el código médico para prepararte para la muerte.

Significa intentar decirle a tus hijos todo lo que pensabas decirles en los próximos 10 años, decirlo en unos pocos meses.

Significa asegurarte que todo esté finiquitado de modo que sea lo más sencillo posible para tu familia.

Significa despedirte.

Viví con ese diagnóstico todo el día.

Luego al atardecer me hicieron una biopsia en que introdujeron un endoscopio por mi garganta, a través del estómago y mis intestinos, pincharon con una aguja mi páncreas y extrajeron unas pocas células del tumor.

Estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me contó que cuando examinaron las células en el microscopio, los doctores empezaron a llorar porque descubrieron que era una forma muy rara de cáncer pancreático, curable con cirugía.

Me operaron y ahora estoy bien.

Fue lo más cercano que he estado a la muerte y espero que sea lo más cercano por unas cuantas décadas más.

Al haber vivido esa experiencia, puedo contarla con un poco más de

certeza que cuando la muerte era un útil pero puramente intelectual concepto: Nadie quiere morir. Incluso la gente que quiere ir al cielo,

no quiere morir para llegar allá.

La muerte es el destino que todos compartimos.

Nadie ha escapado de ella.

Y es como debe ser porque la Muerte es muy probable que sea la mejor invención de la Vida.

Es el agente de cambio de la Vida.

Elimina lo viejo para dejar paso a lo nuevo.

Ahora mismo, ustedes son lo nuevo, pero algún día, no muy lejano, gradualmente ustedes serán viejos y serán eliminados.

Lamento ser tan trágico, pero es muy cierto.

Su tiempo tiene límite, así que no lo pierdan viviendo la vida de otra persona.

No se dejen atrapar por dogmas – es decir, vivir con los resultados del pensamiento de otras personas.

No permitan que el ruido de las opiniones ajenas silencien su propia voz interior. Y más importante todavía, tengan el valor de seguir su corazón e intuición, que de alguna manera ya saben lo que realmente quieren llegar a ser.

Todo lo demás es secundario.

Cuando era joven, había una asombrosa publicación llamada The Whole Earth Catalog, que era una de las biblias de mi generación.

Fue creada por un tipo llamado Steward Brand, no muy lejos de aquí en Menlo Park, y la creó con un toque poético.

Fue a fines de los 60, antes de las computadoras personales y de la edición mediante microcomputadoras, por lo tanto, en su totalidad estaba editada usando máquinas de escribir, tijeras y cámaras polaroid.

Era un tipo de Google en formato de edición económica, 35 años antes de que apareciera Google: Era idealista y rebosante de hermosas herramientas y grandes conceptos.

Steward y su equipo publicaron varias ediciones del The Whole Earth Catalog, y luego cuando seguía su curso normal, publicaron la última edición.

Fue a mediados de los 70 y yo tenía la edad de ustedes.

En la tapa trasera de la última edición, había una fotografía de una carretera en el campo temprano en la mañana, similar a una en que estarían haciendo dedo si fueran así de aventureros.

Debajo de la foto decía: “Manténganse hambrientos. Manténganse descabellados”.

Fue su mensaje de despedida al finalizar.

Manténganse hambrientos. Manténte descabellado.

Siempre he deseado eso para mí.

Y ahora, cuando se gradúan para empezar de nuevo, es lo que deseo para ustedes.

Permanezcan hambrientos.

Permanezcan descabellados.

Stay Hungry. Stay Foolish. 1968 Stewart Brand.-

Gracias Steve !!

°°°

CANTINFLAS (1911-2011)

En camita

Tin Tan y Cantinflas

Muerte

Lucero Tena (1938, Durango, México)

Bailarina de flamenco de origen mexicano que reside en España desde 1958. Integró la compañía de Carmen Amaya y creó su grupo de flamenco.

Excepcional «Bailaora» es una extraordinaria ejecutante de castañuelas en la interpretación de obras clásicas.

Joaquín Rodrigo le dedicó sus Dos Danzas Españolas en 1966 y ha trabajado con grandes directores de orquesta como Mstislav Rostropóvich, Rafael Frühbeck de Burgos, Jesús López Cobos, Sergiu Comissiona, Franz-Paul Decker y Miguel Ángel Gómez Martínez.

Es profesora del instrumento en el Conservatorio de Madrid.

Intermedio. La boda de Luís Alonso. J Gimenez.

GILBERTO BOSQUES (1892-1995)

Mexicano digno de conocerse

Su tarea permitió escapar de los nazis a unas 40.000 personas

Así, durante tres años el cónsul entregó miles de visas mexicanas que permitieron escapar de Europa a judíos, españoles republicanos, polacos y franceses miembros de la resistencia. Muchos habrían muerto sin ese gesto diplomático.

Gilberto Bosques es conocido en este país como “el Schindler mexicano”, un término que no es totalmente correcto, dice su hija, Laura Bosques.

“Fueron acciones distintas, él tenía la representación del gobierno mexicano y cumplía una labor de estado”, explica en conversación con BBC Mundo.

Más allá de nombres, lo cierto es que la tarea del diplomático mexicano permitió escapar de la persecución nazi a unas 40.000 personas, según han documentado historiadores mexicanos.

Ayuda humanitaria

La historia de Bosques es poco conocida, incluso en México.

Así, durante tres años el cónsul entregó miles de visas mexicanas que permitieron escapar de Europa a judíos, españoles republicanos, polacos y franceses miembros de la resistencia. Muchos habrían muerto sin ese gesto diplomático.

Gilberto Bosques es conocido en este país como “el Schindler mexicano”, un término que no es totalmente correcto, dice su hija, Laura Bosques.

“Fueron acciones distintas, él tenía la representación del gobierno mexicano y cumplía una labor de estado”, explica en conversación con BBC Mundo.

Más allá de nombres, lo cierto es que la tarea del diplomático mexicano permitió escapar de la persecución nazi a unas 40.000 personas, según han documentado historiadores mexicanos.

Ayuda humanitaria

La historia de Bosques es poco conocida, incluso en México.

En 1939 fue designado representante diplomático en Francia, cuando la guerra civil en España había concluido.

Cientos de españoles que apoyaban a la República huyeron de su país, y uno de los principales destinos fue Francia. Así, la instrucción del gobierno mexicano fue ayudar a estos refugiados a salir de Europa.

Pero, al estallar la guerra mundial, aumentaron los exiliados y con ello las tareas de Bosques, según documentó en sus memorias que fueron divulgadas por la cancillería mexicana.

“La asistencia para los perseguidos israelitas tomó la dimensión de un deber de carácter humano. No había tomado México una actitud franca, pero el drama estaba ahí. Nuestra ayuda consistió en la ocultación de ciertas personas, en documentar otras, darles facilidades, llevarlas a la posibilidad de una salida de Francia, que era muy difícil”.

Para transportar a los exiliados, el consulado mexicano fletó varios buques, y consiguió espacio en otros.

La mayoría escapó por el puerto de Marsella, a donde se trasladó el consulado mexicano tras la ocupación de Francia.

Uno de los momentos más difíciles fue sacar del país a los combatientes de la Brigada Internacional que combatió en España.

Prisioneros de guerra

México mantuvo un estado de guerra contra los países que formaron el Eje durante la Segunda Guerra.

Incluso, un escuadrón de pilotos combatió en Japón, como parte de las fuerzas multinacionales que participaron en el conflicto.

Por esa razón, Gilberto Bosques, su familia y colaboradores fueron detenidos por el ejército alemán, que los trasladó a Bad Godesberg, una población cercana a Bonn. Allí permanecieron un año.

“Éramos prisioneros, no hay otra forma de decirlo. Con nosotros estaban representantes de varias legaciones diplomáticas, sobre todo de América Latina”, recuerda Laura Bosques.

Al ser encarcelado, se derrumbó la red de protección a perseguidos que el cónsul había establecido en Europa.

“Se costeó el rescate de los niños, huérfanos la mayoría, que fueron recogidos en los alrededores de los campos de donde escapaban en condiciones lamentables. En invierno se recogieron niños con los pies congelados”, narró Bosques en sus memorias.

Los diplomáticos mexicanos fueron canjeados en 1943 por un grupo de prisioneros alemanes capturados en Veracruz, en el oeste de México. El intercambio se hizo en Lisboa, Portugal.

Homenaje

La tarea humanitaria de Bosques no sólo ayudó a quienes escaparon de la guerra, sino que le dejó beneficios a México, aseguró Adriana Romero, coordinadora de proyectos culturales de la Casa Refugio Citlaltépetl.

“Si no lo hubiera hecho, no tendríamos tantas personas que trabajaron por el país y que fundaron empresas e instituciones culturales”, dijo en conversación con BBC Mundo.

El director de la Casa, Phillipe Ollé-Laprune, estableció la cátedra Gilberto Bosques como homenaje al diplomático que falleció en 1995.

Es uno de los pocos reconocimientos que se le han hecho al cónsul. En Viena, Austria, por ejemplo, hay una calle que lleva su nombre, en el distrito 22 de la ciudad.

ALFREDO JUST GIMENO

Escultor

Nogales, Sonora, ciudad de bronce 1

Artista valenciano, autor de algunos conjuntos escultóricos monumentales, que durante la guerra civil prestó sus servicios a la causa republicana. Al terminar la contienda, se exilió en México, en donde siguió ejerciendo su arte.

Plaza de toros México

Video Documental “El Mono Bichi”

(Estatua de Benito Juárez, Nogales, Sonora. 1/3)

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ALONDRA DE LA PARRA

Se ha ganado la atención de los conocedores por sus vibrantes interpretaciones como una de las directoras más sobresalientes de su generación. Se ha distinguido por ser la primera mujer mexicana en dirigir una orquesta sinfónica en Nueva York. Embajadora Cultural del Turismo de México, ha sido aclamada por Plácido Domingo como “una directora extraordinaria”.

Nacida en Nueva York en 1980, se mudó a la ciudad de México con sus padres a los dos años. Inició sus estudios de piano a los siete y de chelo a los trece, cuando descubrió su vocación por convertirse en directora de orquesta. Estudió composición en el Centro de Investigación y Estudios Musicales (CIEM) de México antes de regresar a Nueva York donde su esfuerzo y dedicación le permitieron ingresar como becaria a la Manhattan School of Music, para obtener la Licenciatura en Piano con honores, bajo la tutela Jeffrey Cohen y en 2008, igualmente como becaria la Maestría en Dirección Orquestal también con honores, bajo la tutela de Kenneth Kiesler.

En palabras de la revista Symphony: “El ímpetu de De la Parra no se deja intimidar por los obstáculos”. Ostenta el título de Embajadora Cultural del Turismo de México, por el Consejo de Promoción Turística y en dos años consecutivos reconocida por la Liga Americana de Orquestas. En los últimos cinco años, ha sido incluida en la lista de “Las 40 Estrellas Ascendientes Menores de 40 Años” del Crains New York Business, objeto de un gran artículo en la edición dominical del The New York Times además incluida en la lista anual de los “Seis Jóvenes Artistas en Ascenso” de Symphony. De la prensa en español destacan Poder, la incluye como una de “Los 20 con Menos de 40” hispanos más influyentes en Estados Unidos.

Mi Alma Mexicana, título de su álbum debut internacional con SONY Music rompió récords de ventas sin precedentes en México, colocándose como No. 2 en la lista general de Amprofón y 1 en música clásica, le valió obtener Disco de Platino. La crítica especializada de Reforma afirma: “En el ámbito de la música clásica, México no tiene otro artista que como Alondra de la Parra, fusione carisma y excelencia”; ProÓpera destaca su “ímpetu artístico, estilo elegante y sensibilidad precisa”, Expansión se refirió a su estilo de liderazgo como “La Batuta que inspira”, Mujer Ejecutiva la destacó entre las 13 mujeres líderes en México en el 2009, al tiempo que recibió el Trofeo a la Mujer Mont Blanc en la categoría de Revelación del Año. En el 2010, recibió de manos del Presidente el Premio Antena CIRT al Mérito Artístico que otorga la Cámara de la Industria de la Radio y la Televisión. En su gira Bicentenario 2010, inauguró los festejos a los pies del Monumento a la Independencia y recorrió 6 ciudades con taquillas agotadas, cerrando con un magno concierto en el Auditorio Nacional.

Frecuentemente invitada como directora huésped, ha dirigido en Estados Unidos las sinfónicas de Dallas, Houston, San Francisco, Phoenix, Columbus, San Antonio, la de Cámara de Los Ángeles y la del Nuevo Mundo de Miami, en Canadá, la de Edmonton, la Kammerakademie Potsdam y la del Festival Moritzburg en Alemania, la Tivoli de Dinamarca y la Sociedad Filarmónica Madrid – Berlín en el Palacio Real de la Almudaina en Mallorca España además de la Nacional de Rusia. En América Latina ha estado al frente de la de Sao Paulo en Brasil, la Filarmónica de Buenos Aires, la Filarmónica de Montevideo en Uruguay y la Juvenil Simón Bolívar de Venezuela, de quien recibió su más alta condecoración. Con la del Sun Festival en Singapur colaboró con el actor Geoffrey Rush y con la de la Ópera Nacional de Washington dirigió un concierto de gala con Plácido Domingo. Su talento y presencia internacional le valieron la distinción de ser la integrante más joven del Consejo de los Latín Grammys donde ha dirigido los homenajes a Gloria Estefan y Plácido Domingo en 2008 y 2010.

En México, ha dirigido a las de Aguascalientes, Jalisco, Sinaloa, Xalapa, la Sinfónica del Estado de México y a la Sinfónica Nacional en el Palacio de Bellas Artes. Es representada por Tanja Dorn de IMG Artists a nivel internacional.

Entrevista

“Sobre las Olas”

“Cielito Lindo” (COMPLETO) y “Vereda Tropical”

HUAPANGO Sala NEZA 2010

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