DE DON GILBERTO ESCOBOSA GAMEZ

PIN

Cronista de Hermosillo

Realmente una pieza musical para todos los tiempos. Astor Piazzolla interpreta su canción “Adios Nonino”, impecablemente (que dedicó a su padre; Nonino: padre, cariñosamente en italiano). Dedicado a mi papá Gilberto que acaba de cumplir 95 años el 17 de marzo (n. 1917 m. 2007). No lo quise publicar en nuestro portal porque sería arrogante de mi parte, solamente quisiera compartir este pequeño homenaje con todos ustedes, para los que vive su padre y para quienes vive él en su corazón, nuestros verdaderos dioses que nos enseñaron y entregaron su vida completa por nosotros. Todos los días deben de ser un homenaje a quienes queremos. Un abrazo a todos.

Tu hijo Claudio.

UNA FAMILIA HERMOSILLENSE MUY UNIDA

Gilberto Escobosa.

En 1915 al norte de lo que hoy es la Colonia Pitic, don Tomás González tenía un pequeño rancho donde ordeñaba treinta vacas. El y su esposa doña Emilia había procreado tres hijos: Antonio, Miguel y Juan el único soltero que permanecía con ellos. Juan atendía los trabajos más pesados del rancho, mientras su padre y su madre se encargaban de industrializar el producto de la ordeña. La tranquilidad hogareña vino a turbarse repentinamente, por un suceso inesperado. En la mañana del 17 de noviembre, llegó hasta la casa de don Tomás un oficial del Ejército, para avisarle que era necesario que ese mismo día evacuara su propiedad, junto con sus bienes, pues era probable que esa misma tarde o al día siguiente, por el lugar pasarían las avanzadas del Ejército villista que se preparaba en Carbó para atacar la ciudad.

Lo primero que hizo don Tomás fue enviar en un carrito de bestia a su esposa, a “La Manga” con unos familiares. Luego reunió el ganado y ordenó que lo llevaran al Cerro Colorado donde un hermano de su esposa tenía un rancho.

Al contar las vacas se dan cuenta de que faltaba una. Entonces el muchacho dijo a su padre: “Papá, ensilla tu caballo; vete a La Manga y, en cuanto localice la vaca extraviada, la llevaré al rancho de mi tío”.

Los esposos González estaban desesperados porque llegara su hijo, llegó la noche y luego el día siguiente, (que fue la fecha de la batalla), sin que apareciera Juan; don Tomás les aviso a sus otros hijos de lo que estaba sucediendo, y acordaron esperar un día más, con la esperanza de que apareciera en cualquier momento; El día 22 de noviembre de 1915, don Tomás y sus dos hijos, proveídos de lo más necesario, agua y comida, a caballo emprendieron la marcha tras las tropas derrotadas de Pancho Villa. Al pasar por El Ranchito entrevistaron al coronel Anatolio Ortega y le informaron del motivo de que fuesen siguiendo a quienes con muy buenas razones creían que llevaban secuestrado a Juan para que les sirviera de guía.

El Coronel Ortega, les proporciono ropa y monturas similares a la de los hombres del general Villa, para que no fuesen descubiertos, diez horas después alcanzaron a los villistas y sin que se dieran cuenta se incorporaron en sus filas poco a poco, no tardaron en ver a Juan, quien iba muy vigilado. Don Tomás procuró que su hijo prisionero le viera y se diera cuenta de que ya no estaba solo, Juan los vio y permaneció callado para evitar sospechas; el joven sólo podía servir de guía hasta Mazatán y a partir de allí sabía que le darían muerte. Poco antes de llegar a San Pedro de la Cueva, don Tomás y sus hijos vieron que Juan era separado y llevado atado de manos, a donde había un arroyo, intuyendo que lo llevarían para colgarlo, a escondidas subieron a un peñasco y miraron cuando le ponían la soga al cuello y pasaban el otro extremo por el brazo de un árbol. El ranchero apuntó y disparó; enseguida hizo otro disparo y el muchacho quedó libre, dado que el tercer villista había esperado como vigilante a una distancia de cincuenta metros del lugar en que sus compañeros cometerían el asesinato. Este último hombre al ver caer muertos a sus compañeros pretendió disparar sobre Juan, pero enseguida cayó como fulminado por un rayo; las balas habían salido de la carabina de Miguel que corría a rescatar a su hermano.

Miguel llegó hasta donde estaba Juan, le desató y lo montó en ancas. De allí don Tomás y sus hijos emprendieron una veloz carrera, perseguidos por cinco soldados que les disparaban. Don Tomás quiso enfrentarse a los perseguidores para que escaparan sus hijos, pero éstos no aceptaron. Los cuatro bajaron de sus caballos y se parapetaron en el tronco de un árbol caído; empero, no pasó nada, los soldados optaron por regresar a la columna antes que enfrentarse a aquellos hombres valientes.

Días después, los González llegaron a La Manga y allí encontraron a tres mujeres vistiendo ropa negra, creyendo que sus maridos habían perecido en la aventura. Por Martin Huva.

(Fuente: Hermosillo en mi memoria, de Gilberto Escobosa.)

CERRO DE LA CAMPANA – Don Elías González

Hermoso cerró querido

lugar donde yo nací,

quiero decirte estos versos

que compuse para ti

Te quiero como a mi patria

porque en tu falda yo vi

la primera luz de mi vida

el día que yo nací.

Por eso yo te canto

con gran orgullo y contento,

para que mis versos te lleguen

y no se los lleve el viento.

Es mi orgullo haber nacido

en tu falda tan hermosa,

por eso siempre te canto

con todo mi sentimiento.

El cerro de la campana

es fuente de inspiración,

por eso le estoy cantando

con todo mi corazón.

Siempre te estaré cantando,

siempre te recordaré,

pues tú me viste primero

el día que yo llegué,

pues tú me diste cobijo

también me diste la fe,

pues con tu gran fortaleza

siempre forjaste mi ser.

Adiós mi Cerro querido,

te llevo en mi pensamiento,

por eso yo te canto

con todo mi sentimiento.

HERMOSILLO. POEMA

Hermosillo, ciudad que sonríes a la vida;

ciudad que ofreces regazo de piedra y tierra;

ciudad que cincelas en el carácter de cada hombre y de cada niño

la recia estampa de tu gran Cerro de la Campana,

callado vigía, al que no han cansado ya doscientos años.

Hermosillo, tienes historia, tienes pasado;

ayeres duros que corrieron de la mano de tus primeros hijos;

días de cactos y de ocotillos,

quemante arena, sol calcinante; Presidio del Pitic, te bautizaste.

Hermosillo, descansas en el mapa como la gran dama de la geografía sonorense;

luces en tu atavío mil collares de trigo y cártamo;

catedral y museo, nacarados broches de tu galanura;

uva y naranja, azahares y rosas, toques delicados en tu fino aroma.

Hermosillo, despiertas más hermosa cada día;

Ciudad del Sol, que sonríes siempre, y que te ruborizas cada tarde,

Para vestirte de noche, cuando las palmeras y los yucatecos

Son mudos testigos en contemplación…

¡Desde aquí te saludo, Ciudad de Hermosillo;

desde aquí te saludo, mi Ciudad del Sol!

Manuel Torres Rivera.

Locutor, cronista deportivo y Cronista de la Ciudad de Ures, Son.

HISTORIA DEL PITIC 2009

Hermosillo ¡Ciudad Viva!

http://www.youtube.com/watch?v=Fjrh0CqOfZg&feature=related

Hermosillo, te quiero!

http://www.youtube.com/watch?v=-XidLsoctfg

JUAN GABRIEL NOS CANTA …

http://www.youtube.com/watch?v=o0XHuFFactc&feature=related

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