¿Quién fue Guillermo Héctor Rodríguez?

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GUILLLERMO HECTOR RODRÍGUEZ (1910-1988)

Alvaro Cepeda Neri.*

          I.- El 4 de mayo de 1988 falleció un hombre sabio: Guillermo Héctor Rodríguez, sobre cuya lápida se escribió: “Y porque esta energía vital late en él, ha de vivir mientras que en el mundo palpite un corazón y trabaje un cerebro” (palabras de Pablo Naport en su memorable ensayo: “Kant y la Escuela de Marburgo”). Murió en Veracruz, en donde había nacido, el 9 de diciembre de 1910. En sus últimos días estaba casi solo. Abandonado, incluso, por la mayoría de quienes, mucho o poco, cosecharon, de sus enseñanzas dentro y fuera de las aulas, “algún germen de ilustración”. Sobrevivió, sus últimos años, muy cerca de la miseria; auxiliado, apenas, por dos o tres voluntades generosas. Lo más inconcebible; sus documentadas y penetrantes investigaciones, toda su vida académica y su pasión por compartir una ilustración crítica.

          II.- Guillermo Héctor Rodríguez sembró el “atrévete a pensar” en la cabeza y el corazón de muchos universitarios que pasaron por las aulas (y su casa), donde, adversario de dictar cátedra, distribuía sus conocimientos, sus reflexiones y sus hipótesis críticas. Fue un sabio, un auténtico pensador. Un gran racionalista. Polemista impecable e implacable. Un combatiente de la razón, por la razón y para la razón. Sus armas: el legado de Kant: “libertad para hacer en uso público de la propia razón… y pensar por sí mismo”. Conversador y expositor fascinante, parecía físicamente un Sócrates y mentalmente un Protágoras; recreaba los problemas centrales de los rendimientos humanos por medio del método crítico. Éste enseña no una verdad absoluta, caída del cielo o heredada, sino el camino para irla creando y enriqueciendo en sus diversas manifestaciones históricas. La tarea de preguntar y responder, tan infinita o finita como la humanidad, funda la búsqueda del conocimiento. La ilustración, la cultura y el conocimiento científico, son conquistas. Una dura y penosa conquista, de Prometeo a Sísifo. No hay nada dado. “¡Navigare necesse est!”.

          III. Y nadie como Guillermo Héctor Rodríguez navegó en el “océano sin playas que representa el trabajo infinito” del conocimiento. Nadie como él libró, en un ambiente hostil a la divisa de la Ilustración: “¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento!”, tantas batallas por estudiar y divulgar a Kant. Y a Kelsen. Y a Popper. Y a toda la historia universal. Todo esto en una atmósfera cargada de platonismo intolerante. En un ambiente saturado por la metafísica del magister dixit (lo dijo el maestro). La réplica a todo eso fue, como la única enseñanza de Guillermo Héctor Rodríguez, el “atrévete a pensar por ti mismo”. Y para ello motivó, con discusiones donde todos eran iguales para intervenir, la lectura crítica de los clásicos de la filosofía, de la literatura, de la economía, del derecho, de la música, de la historia. Este mexicano universal editó por años y sin costo alguno, el Archivo de Metodología Científica, donde publicó y divulgó estudios kantianos y kelsenianos.

          IV. Siempre fue Kant su punto de partida y Kelsen su piedra de toque. De la mano de esos dos perdurables críticos de la razón y sus rendimientos, guió a otros en la comprensión de los textos del pensador de Königsberg y de Viena. Con ellos libró combates memorables y despertó en no pocos el ansia de saber. A esta tarea dedicó toda su vida. Su penetrante inteligencia. A su pasión por ilustrar a la juventud, invirtió los mejores años de su existencia. Fue un educador para la democracia y para el imperio de la Ley. Fueron memorables sus polémicas universitarias versus Antonio Caso, Samuel Ramos, los tomistas, los marxistas y toda la metafísica. Nadie como Guillermo Héctor Rodríguez promovió, en la jurisdicción universitaria, los “fines de educar, investigar y difundir la cultura (…) respetando la libertad de cátedra e investigación, y de libre examen y difusión de las ideas”. Nadie como él los tomó tan en serio ni ejerció con tanta plenitud esos derechos. Fue siempre un alumno entre sus alumnos, dispuesto a seguir aprendiendo de las discusiones.

          V. Obtuvo Guillermo Héctor Rodríguez dos licenciaturas: en derecho y en filosofía. Escribió, en diez tomos aún inéditos, su investigación sobre Platón y el platonismo. Nació en Coatepec, muy cerca de Jalapa donde alumbró otra inteligencia privilegiada: Miguel Lerdo de Tejada (mientras la mediocridad de su hermano Sebastián es la “celebridad”). El maestro Rodríguez estudió primaria y secundaria en la capital veracruzana. Fue hijo de una familia pobre. Y no ambicionó más que una riqueza: la ilustración y su divulgación por medio del ejercicio magisterial. A ello se entregó apasionadamente. Era un griego nacido en México. Murió en el Puerto de Veracruz y, heredero legítimo de Kant, descubrió para los mexicanos a los pensadores de la Escuela de Marburgo: Herman Cohen, Pablo Natorp, Ernest Cassirer, Federico Alberto Lange, Vórlander, Merkl, Simmel, etcétera.

          VI. Hizo suya la tarea de combatir los prejuicios y supersticiones, de tal manera que hubiera saludado con su humor singular, los ensayos que ha publicado Carl Sagan, en su libro: “El Mundo y sus Demonios”. Y es que Guillermo Héctor Rodríguez, explicaba que lo que no pasaba por el tamiz de la crítica científica, eran errores que deberían ser combatidos. Le gustaba repetir aquello que escribió el gran poeta Heine: “¡Atrás, fantasmas!, voy a hablar de un hombre cuyo nombre ejerce exorcismo poderoso: me refiero a Immanuel Kant” (del libro de Henrich Heine: Alemania). Pero igualmente, Guillermo Héctor Rodríguez se propuso el imperativo de difundir lo que sabía y reflexionaba, considerando que toda ilustración era renovación de la vida social e individual, y no patrimonio de doctos de sínodo nocturno. Este ideal de educación normó toda su vida de educador para la democracia y su postulado de que todo acto humano es un acto jurídico.

          VII. Escribió ensayos dispersos en varias publicaciones. Empero, no era dado al mucho escribir. En las bibliotecas de la UNAM y en la Biblioteca de México, se encuentran sus tesis de licenciatura, en derecho y filosofía. Debo ocuparme, en este aniversario de su fallecimiento, de su texto: Ética y Jurisprudencia, publicado en 1947 y que consta de 206 páginas. Su lectura provoca desde un principio. Y en su preámbulo, Guillermo Héctor Rodríguez nos va dando cuenta y razón de su evolución como estudiante… “Volví a Kant y seguí a sus discípulos: Natorp, Rickert, Stammler, Kelsen y fue entonces cuando rompí y tiré al cesto una utópica Constitución Política de la Humanidad, que había yo escrito sin duda como una víctima más de los ejemplares esfuerzos de Platón en Sicilia y de Plotino ante el emperador Galiano y su mujer Salonina para edificar sobre las ruinas de una ciudad a Platonópolis… Mucha impresión me causó, como es de suponerse, la lectura, en aquella época, de estas palabras de Kant: “el primer paso de la razón, en su infancia, es dogmático. El segundo es escéptico y da testimonio de prudencia, creando la capacidad de juzgar azuzada por la experiencia. Hace falta un tercer paso que sólo la capacidad juzgadora puede llevar a cabo en su madurez y virilidad… el de la crítica de la razón”.

          VIII. Con esas armas kantianas, Guillermo Héctor Rodríguez entra en medio del problema que se plantea y nos dice: “Pienso encontrarme en el tercer paso de que habla Kant y es así como abordo el problema que desde un comienzo me ha preocupado más reiteradamente: el de la fundamentación objetiva y científica de la Ética”. En 55 apartados que constituyen un largo ensayo, nuestro autor va penetrando el tema hasta fijar a la ética como reflexión sobre lo jurídico, como ciencia del derecho y como órdenes legales que norman la conducta humana. Una ética fundamentada en el derecho positivo y cuyos contenidos políticos, morales, económicos, culturales, etcétera, solamente pueden explicarse a la luz de la ciencia como fines de esos órdenes jurídicos. La ética conoce la acción humana en cuanto voluntad y libertad, y éstas solamente son posibles jurídicamente.

          IX. “El hombre, éticamente considerado, no es sino la persona jurídica”, escribió Guillermo Héctor Rodríguez, y como tal es centro de imputaciones en su calidad de derechos y obligaciones. Asimismo, lo bueno y lo malo solamente pueden determinarse conforme a los contenidos de las leyes. Si es malo matar, lo es jurídicamente; si es bueno pagar contribuciones, lo es con arreglo a la legislación fiscal. Este comportamiento es, a su vez, lo ético o lo que le corresponde conocer a la ética. La ética se ocupa de la voluntad y la libertad humanas, pero éstas expresadas como medios o contenidos de las leyes que norman la conducta humana. “Pero el conocimiento de la acción humana involucra el conocimiento del hombre, de su voluntad y de su libertad que son los conocimientos que exclusivamente pertenecen a la Ética”. Es cierto que religiosa y políticamente hay muchos sermones éticos. Y más cierto es que ahora, desde sectores metafísicos nacen propuestas de auto darse códigos de ética para el buen comportamiento, redactados en forma de catecismos o nuevos mandamientos. Son buenos propósitos.

          X. Pero la Ética que reflexiona sobre la voluntad y libertad humanas, para más o menos ser una ética universal, ha de sostenerse sobre la ciencia del derecho y sobre los órdenes estatales o jurídicos cuyos contenidos morales son los que realmente norman la conducta de los individuos en su calidad de personas jurídicas. Las éticas y las diversas morales, para ser obedecidas, requieren ser contenidos de leyes generales para tener consecuencias jurídicas Objetivamente, la conducta buena o mala se determina de conformidad con lo establecido en las leyes vigentes de un país. “Sin derecho no es posible acción humana alguna ya sea buena o mala y como hemos dicho en páginas anteriores, con su muerte, Sócrates nos legó esta enseñanza. Pero el conocimiento de la acción humana involucra el conocimiento del hombre, de su voluntad y de su libertad que son los conocimientos que exclusivamente pertenecen a la Ética”. Guillermo Héctor Rodríguez fue un pensador kantiano-kelseniano. Fue “un maestro de los derechos del hombre, de la igualdad ante la ley, de la ciudadanía mundial, de la paz sobre la tierra y, lo que es quizá más importante, de la emancipación a través del conocimiento”. Estas palabras de Popper a Kant (véase el ensayo de Karl R. Popper: “La Crítica de Kant y la Cosmología) sirven, también, para honrar a Guillermo Héctor Rodríguez en este aniversario de su fallecimiento. Un combatiente por la ilustración que “ha de vivir mientras que en el mundo palpite un corazón y trabaje un cerebro”.                              

* Guillermo Héctor Rodríguez, Ética y Jurisprudencia (Punto de partida y Piedra de toque de la ética), Biblioteca de filosofía de la UNAM, México E.U. M., 1947.                    


* Ex Libris, Notas de bibliografía, México, 2003.

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